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Claves para entender la movilidad

Fecha: 01.05.2020

El autor de esta nota es politólogo y asesor de movilidad sustentable a través de Viking Bike Academy. Ha realizado trabajos de asesoramiento en varias ciudades del país, trabajó tres años sobre espacio público para la Ciudad de Buenos Aires y es co-fundador de Argentina en Bici. En esta nota nos presenta algunas claves para hablar de movilidad.

Por Henrik Lundorff Kristensen

Hardware y software
No importa lo buena que esté la programación (el software, o sea las leyes o la educación vial). Si el hardware está mal, no puede funcionar el software.
Mi concepto es que la gente quiere hacer lo correcto, tanto las personas caminando como en bici o en auto. Pero el diseño de la calle es importante para que se sientan invitados a hacerlo. El comportamiento de los actores viales es muy dependiente del diseño vial. Se habla mucho de solucionar los problemas de inseguridad vial con mejor y mayor énfasis en la educación vial, pero en mi criterio esta es una excusa barata para no hacer el trabajo necesario. La conducta de los actores viales es un reflejo del diseño vial.

Velocidad de cartel y velocidad de diseño
La velocidad indicada en el cartel muchas veces no está representada en el diseño vial. Si el ancho de la calzada permite lugar para dos o más autos, si la calzada es plana y hay mucha visibilidad, entonces la lógica del conductor promedio es acelerar. En una calle así, ciclistas y peatones no se sienten bienvenidos, debido a las velocidades altas del auto. Pero imaginemos una calle angosta, dónde la vereda es ancha y está al mismo nivel de la calzada, solo separada por unos bolardos. En una calle así, los autos bajarán su velocidad —o quizás ni usen esa calle. Al contrario, los ciclistas pueden ir tranquilos en el medio de la calzada, ya que es tan angosta que no deben temer que conductores apurados intenten sobrepasarlos, ¡porque directamente no hay lugar! Los peatones se van a sentir bienvenidos a cruzar la calle en cualquier lado —con las velocidades bajas y la calzada angosta.

Línea de deseo
La línea de deseo es el sendero de tierra que ves en el pasto en los parques dónde no se planificó bien el sendero oficial. Es justamente una expresión del deseo de los peatones: como hacemos el esfuerzo caminando, siempre elegimos el camino más corto. Y no sólo lo hacemos en los parques, sino que lo hacemos cada día en las calles, cortando caminos y cruzando en diagonal. Y esto se considera “cruzar mal” por una planificación de las calles enfocada ciento por ciento en el auto. Es por esto que en varias intersecciones de las ciudades más grandes en Argentina se ven rejas para impedir el paso del peatón, para frenar el “deseo” de cruzar en diagonal. Ojo, no pretendo que el peatón pueda siempre cruzar por dónde quiera, ya que en algunas arterias hace falta semaforización y lugares para esperar, pero en muchas calles no tiene sentido estar obligados a cruzar en la esquina y tener que esperar que cambie una luz.

Carriles para autos
No se logra aumentar la fluidez del tránsito automotor agregando carriles. Existe un concepto clave para entender eso: demanda inducida. Es decir, cuando hay más oferta de un bien, más lo van a demandar los clientes. Aunque no siempre es el caso, ya que, por ejemplo, hay un límite de cuántos celulares uno puede usar, esto aplica en el caso del espacio vial. En la calle dónde se “soluciona” el embotellamiento con agrandar la calle, al principio va a parecer que realmente hubo una solución, pero luego los usuarios empiezan a hacer más viajes e ir cada vez más lejos. Y un día, la calle está nuevamente saturada. Solucionar tránsito agregando carriles es como curar la obesidad agregando un agujero más al cinturón. Escondés el problema un tiempo, pero no lo solucionás.

El tránsito parásito
Es lo que pasa cuando alguien que no tiene origen ni destino en tu barrio lo atraviesa porque es más rápido. Es algo que pasa mucho en cualquier ciudad de Argentina: para evitar semáforos en las avenidas principales muchos conductores se dan cuenta qué calles secundarias van en paralelo con la avenida, pero sin semáforo. Este tránsito —que no tiene ni origen ni destino en esa calle, una calle tranquila de residencia— es el tránsito parásito.

La bici-infraestructura y la calidad de la vereda
Los carriles para bici alejan a los autos de la vereda. Una vereda silenciosa es un lugar más lindo para caminar o para sentarse en un café. En general, la bici es el mejor amigo de los peatones —y por eso es tan frustrante ver ciclistas que no consideran al peatón. Pero es igual de frustrante escuchar personas quejarse de estas situaciones, cuando a la vez están ciegas a las miles de infracciones causadas por autos.

Los semáforos
En avenidas grandes tienen sentido. Pero en calles internas de barrio poner un semáforo es muy poco lógico, de hecho es contraproducente. El problema con los semáforos es que generan frenadas y aceleraciones, una lógica de carrera y de llegar primero —y apurarse si la luz está por pasar a rojo. Es mucho mejor diseñar calles con menor velocidad pero con un constante flujo. ¿Y qué pasa con los peatones, si no hay semáforos?: si la calle está diseñada con veredas continuas, el peatón tiene derecho si va en sentido de la calle a recibir respeto de las calles aledañas. Y para cruzar, una solución eficiente es construir islas peatonales para cruzar en etapas.

Autos y esquinas
Los autos no pueden estacionar en las esquinas porque tapan la visibilidad de los demás conductores y, más grave aun, tapan la posibilidad de conductores de poder ver peatones y ciclistas. En las esquinas se pueden hacer expansiones de la vereda para que los peatones tengan más visibilidad y puedan cruzar más rápido.


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Hablamos sobre: Ciclismo urbano

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