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Editoriales

Fixies

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Por Mario García.

La moda explotó hace unos años, impulsada por los ciclomensajeros de algunas grandes ciudades, particularmente Nueva York. Una bici con cuadro de “media carrera”, generalmente con manubrios de ruta de diversas formas o manubrio “bigote”, sin frenos (se frena resistiendo el giro de las palancas), con un solo plato y una sola corona y con piñón fijo. Las ventajas (de las desventajas hablaremos después): el sistema funciona bien con piso húmedo ya que el feedback del grip de la rueda trasera es mayor; obliga a pedalear todo el tiempo de modo que es un buen ejercicio y un buen aprendizaje de la buena técnica de pedaleo; la bici prácticamente no requiere mantenimiento, es notablemente más liviana y su costo es bajísimo; es divertido aprender a usarla; es canchero (cool) y está de última moda usarla, especialmente a los que gustan presumir de ser “viajeros del mundo”, etcétera (en realidad pongo etcétera porque no se me ocurre ninguna otra ventaja).

Las bicicletas de pista que se utilizan en los velódromos son de piñón fijo. En ese tipo de deporte se trata de avanzar siempre y lo más rápido posible, no de frenar. Y cuando se necesita frenar, como por ejemplo se hace en la especialidad de Velocidad antes de lanzar el sprint, el ciclista se para sobre los pedales, resistiendo el giro. Además, tradicionalmente los ciclistas de ruta usaban -y muchos todavía lo hacen- bicis de piñón fijo con una relativamente baja relación de transmisión para mejorar la técnica del pedaleo, buscando el mítico grial de los ciclistas, el “pedaleo redondo”. Incluso en otras épocas, hasta aproximadamente 1950, se llegó a utilizar el piñón fijo para la contrarreloj.

Pero si usted creee que esto fue todo, se equivoca. Faltaba aun la etapa “cool” de las “fixies” (o sea la etapa “canchera” del “piñón fijo”). Y dónde se iba a inventar y desarrollar esto sino en Manhatan, por supuesto, el lugar más cool del planeta, donde los blancos cool bailan música negra y aman los suburbios pobres y los negros cool se visten en Tommy Hilfiger y frecuentan discotecas sofisticadas. Así las cosas, la historia es que con esta tendencia (o trend, que es más cool) comenzaron los rudos mensajeros de New York, los que fueron imitados poco a poco por jóvenes intelectuales adinerados de los alrededores del Central Park y luego por la clase media cazadora de tendencias (los hipster, esa clase media urbana formada por adultos y jóvenes viejos consumidores de cultura “independiente”). Naturalmente, no debió pasar demasiado tiempo hasta que las grandes marcas de bicis se dedicaran a lanzar sus líneas de fixies: geometría rutera generosa y relajada (lo contrario de la agresiva geometría de las pisteras), bajo precio, estética cool, sin marcas (porque los “indies” reniegan de ellas) ni estridencias.

Ahora bien, para que sepas, si vas a probar, te enumero algunas desventajas: encarar una bajada pronunciada con piñón fijo, lo que te puede llevar a una frecuencia de 170 pedaleadas por minuto, puede ser un viaje de ida solamente; cuando se comienza a experimentar con el sistema uno tiende a creer que está aun con rueda libre, cuyo efecto, al llegar a una esquina o al acercarse a un obstáculo puede significar otro boleto de ida; tomar curvas cerradas a velocidad puede resultar difícil al novicio, ya que los pedales pueden llegar a tocar el piso; las subidas pronunciadas…; etcétera (y en este caso pongo el etcétera no porque no sepa que haya más desventajas, sino porque prefiero que ustedes mismos las descubran).

Pero sea como sea, ya está, tenemos una nueva familia de bicis, que pese a lo sarcástico de mis comentarios, no puedo negar que me resulta divertida. Así que en los próximos días iré por una fixie. O piñón fijo, bah.

 

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Brandon

    6 marzo, 2017 a las 1:14 pm

    Jaaa gato te re gusta, no importa de donde viene solo disfrutemoslas y entre mas gente se suma a moverse en estas maravillas mas chicas habrá, saludos

  2. Marcelo

    6 abril, 2019 a las 2:04 am

    Vi una ayer por primera vez en el Cruce Varela, la conducía una chica de unos 20-25 años, y es tal cual la describís: cuadro media carrera de acero, ruedas doble pared de ruta, transmisión sin cambios de velocidad y ¡sin frenos!
    La verdad me resulta incomprensible montar una bici así (y cualquier otra bici aunque no tenga piñón fijo) sin algo esencial como los frenos, no se si lo haría en ciudad y me resisto a la idea de una bicicleta sin este elemento de seguridad.
    Los adeptos a estas bicis dicen que son “divertidas”, yo pregunto, ¿es divertido ir a 40 km/h y de repente encontrarse con un vehículo de frente o de costado que te cierra y no tener con qué frenar????

  3. José

    12 abril, 2019 a las 7:18 pm

    Marcelo, que las fixies no tengan frenos, no significa que no tengan un sistema de frenado eficaz. Estas pueden ser detenidas bloqueando el movimiento de las bielas con la fuerza de tus piernas.
    El real inconveniente que veo en el frenado de estas bicicletas es que, a diferencia de los frenos convencionales donde no se requiere mayor habilidad que la de presionar una simple palanca, deberás dedicar tiempo y esfuerzo para adquirir una técnica correcta. Si realizas esta premisa siguiendo una curva de aprendizaje adecuada seguramente podrás enfrentarte a la mala maniobra de un chofer y vivir para contarlo.

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Deporte y Entrenamiento

Entrenamiento: cómo sobrellevar los cambios

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Una reflexión sobre el peso de los cambios que nos están afectando en nuestra actividad física y mental (cambio de estación, cambio climático, pandemia) y como llevarlos adelante de la mejor manera posible.

Queridos lectores, aquí estamos tratando de restablecer la comunicación con la biósfera o medio ambiente. En esta actualidad tan dinámica, con tantos cambios en sus parámetros, que hasta ahora habían sido estables y habituales, para lograr un plan de entrenamiento acorde al clima, la humedad, la temperatura, los vientos, la estación, la libertad/encierro, el tipo de alimentación, los tiempos de esparcimiento/trabajo, etcétera, se nos hace casi imposible lograr un equilibrio aceptable como para acceder a siquiera mantener un estado físico ordinario.
La pregunta es: ¿Qué pautas psico-físico-biológicas se deberían tener en cuenta como prioritarias para lograrlo medianamente?
Yo sugeriría como primer escalón optar por una actitud práctica y positiva, ya que el desconcierto lo único que logra es alejarnos más de nuestro objetivo (entrenar).
Desde antes del famoso cambio climático, los ajustes prácticamente se establecían de acuerdo a la estación reinante. Hoy es imposible. Las horas de actividad y de descanso deberían estar regidas por la estación, por los días más largos o más cortos, por las temperaturas, la alimentación, la vestimenta. ¿Se acuerdan acaso de aquellas épocas “normales”? Por ejemplo, por mi localidad corre una ruta que va de norte a sur. Yo acostumbraba a consultar el clima para decidir si salía con la bici para uno u otro lado, de modo de regresar más descansado con viento a favor. Pero ahora es habitual que en cortos lapsos de tiempo el viento cambie de dirección varias veces.
El segundo escalón es valorar cada minuto de entrenamiento realizado, ya que lo hecho, hecho está, y no se pierde, y no dejar pasar las oportunidades de trabajo que se presenten, esperando otras mejores o ideales.
Tercer escalón: aceptar lo que sucede y por sobre todas las cosas buscar adaptarse al acontecer, sin violentar el cuerpo ni la mente, queriendo lograr metas difíciles o imposibles. Sabiendo que esto “también pasará”.
Buenas rutas.

Por Doc Pedales: doctor en medicina Eduardo Jorge Saint Bonnet (MN 48943 MP 23765) es médico deportólogo y deportista.

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Ciclismo urbano

Ciclovías en todos lados menos en el Gran Buenos Aires

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La pandemia trajo mil desgracias pero también creó oportunidades, entre ellas que el temor al contagio hiciera que una inmensa cantidad de bicicletas abandonadas en garajes, cocheras y balcones volvieran a la vida y que otra gran cantidad de ellas salieran flamantes de sus cajas para transportar y alegrar a los argentinos. ¿Qué otro sentimiento puede resumir mejor la visión de esas miríadas de nuevos ciclistas recorriendo el espacio público de todas las ciudades del país?
Frente a esta nueva realidad, algunas ciudades intentaron crear o aumentar la facilidades para alentar esta tendencia, generando espacios de circulación de bicicletas y de peatones.
Como nos cuenta Jimena Pérez Marchetta desde Salta en esta nota, la ciudad norteña puso a la bicicleta como prioridad en su gestión, creando de la nada 22 kilómetros de ciclovías, entre ellas una sobre la Avenida Belgrano, la más importante de Salta, y nuevos espacios de estacionamiento.
En Mendoza, Javier Passera, Coordinador de Movilidad Sustentable del municipio, nos puso al día de la cantidad de obras que en este sentido se encararon allí (en nuestra edición de noviembre podremos leer un reportaje a Javier), entre ellas nada menos que la ciclovía sobre la Avenida San Martín, la más importante de la ciudad cuyana.
En Buenos Aires, que ya tenía 250 kilómetros de ciclovías, en una red que interconecta a toda la ciudad, se sumaron 17 kilómetros de carriles de mano única en algunas avenidas claves de la ciudad: Corrientes, Córdoba, Estado de Israel y Ángel Gallardo.
Muchas otra ciudades del país se han sumado a esta tendencia, pero por razones inexplicables, ningún municipio del Gran Buenos Aires, donde más necesarias son estas obras para alentar la caminata y el pedaleo y evitar el contagio, han avanzado ni un centímetro en este sentido, pese a que pomposamente ya en julio pasado el Ministerio de Transporte de la Nación había anunciado lo que denominó un Plan de Micromovilidad para todo el país, según el cual se iban a crear carriles para bicis en los municipios aledaños a la ciudad de Buenos Aires conectados con la red porteña…
Si te he visto no me acuerdo.
Por el contrario, lo que hoy se puede ver en cualquier municipio aledaño a la ciudad es una renovada cantidad de automóviles, quizás más que antes de la pandemia, por el temor al contagio en el transporte público, e infinidad de bicis rodando peligrosamente entre ellos y aun por las veredas, sobre las cuales cada día se pueden ver más y más autos estacionados, sacándole aun más espacio al peatón.
¿Habrá pues algún plan o todo era simplemente un anuncio para la gilada?

Por Mario García 

Intro de la revista Biciclub de octubre 2020, Nº 310

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Ciclismo urbano

No es la primera vez que las bicicletas pueden salvar al mundo

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El coronavirus ha producido una explosiva demanda de bicicletas en muchas partes del globo, al punto que en varias ciudades del mundo con tradición ciclista las noticias indican que ya resulta casi imposible conseguir unidades de hasta 1000 dólares y muchas bicicleterías han abierto listas de espera para nuevos clientes ansiosos por hacerse de una bici. En paralelo, muchas ciudades han generado nuevos carriles para los nuevos ciclistas que huyen del hacinamiento del transporte público y de las incomodidades y los costos del automóvil.
Pero esto no es la primera vez que sucede.
Baste recordar cómo el advenimiento de la bicicleta transformó la vida social a fines del siglo 19. Aparecía en el mundo una tecnología revolucionaria, social y culturalmente equivalente a la del smartphone en nuestros días. Durante la década de 1890 la bicicleta fue tan imprescindible como hoy lo es un teléfono inteligente. Un transporte rápido, elegante y accesible que podía llevar a la gente a cualquier lugar, en cualquier momento y de manera gratuita. Los príncipes y los reyes se mostraban en ellas mientras progresivamente las clases trabajadoras los imitaban y se las apropiaban, transformándolas en un medio de locomoción masivo. Los costosos caballos y carruajes comenzaron a volverse prescindibles; moverse en bicicleta era más barato y más rápido.
Las mujeres fueron especialmente entusiastas, al punto que comenzaron a descartar las incómodas faldas victorianas y adoptaron los bombachones bloomers para largarse al camino. Fue en 1896 que Susan Anthony le dijo a un periodista su ya famosa frase: “La bicicleta ha hecho más por emancipar a la mujer que ninguna otra cosa en el mundo.”
La bicicleta se metió en todos los intersticios de la cultura humana; en el arte, en la literatura, en la moda, en la vida militar, en el deporte. Y dio lugar a la pavimentación de las calles y al desarrollo de caminos rurales, herramientas que tiempo después avasallaría el automóvil.
Cuando nació, la bici fue la que multiplicó los caminos del mundo y hoy vuelve a reaparecer para generar nuevos caminos, nuevas formas de uso del espacio urbano, nuevas formas de vida. Quizás esto no dure para siempre, quizás desaparecido el miedo la bicicleta vuelva al lugar que tenía, promisorio pero en moderado crecimiento. Quizás. Pero de todos modos, enhorabuena, porque por lo menos en este sprint nada ni nadie podrá superarla.


Por Mario García

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Ciclismo urbano

Es hora de dar espacio amplio y permanente en las calles a la bicicleta y al monopatín

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Muchas grandes ciudades del mundo están poniendo en marcha nuevos planes de reordenamiento del tránsito para el momento de salir de la cuarentena, basados en que pasada esta crisis las cosas no van a volver a ser como antes, por lo menos hasta que haya una vacuna efectiva y probada contra el Covid19, un proceso que por más optimistas que seamos, según muchos expertos no se va a completar mundialmente en menos de un par de años. Sumado a esto, los miedos no se van a disolver de un día para el otro, ni aun con vacuna de por medio…
De modo que la salida de esto será larga y llena de amenazas, ya que el mundo está interconectado y la posibilidad de que vuelvan a haber crisis de contagio serán grandes y por lo tanto perdurarán restricciones, distanciamientos, protocolos… y miedos.
Por ello algunas ciudades han comenzado a replantear de manera integral y perdurable nuevos ordenamientos del espacio urbano, privilegiando en esos diseños un avance de la bicicleta y similares por sobre el transporte público y el auto particular, ambos fuente de contagio y contaminación. Milán es un claro ejemplo de ciudades que están en este camino, pero hay muchas más que trabajan en el mismo sentido.
Otras, tanteando a ciegas, están llevando a cabo acciones precarias y temporales, quizás ingenuamente dando por sentado que esta crisis durará poco y todo volverá a la normalidad rápidamente, por lo cual para qué tomarse el trabajo… No admiten aun que lo precario y temporal no servirá para salir de la situación actual.
Es de esperar que en la mayor parte de las grandes ciudades se imiten los modelos a largo plazo y que los diseños estén pensados y ejecutados de manera perdurable desde el inicio mismo de las obras. Porque además de la eficacia de la bicicleta y otros medios similares frente al contagio, la drástica disminución del tránsito automotor en el mundo ha limpiado visiblemente el aire y reducido de manera proporcional los niveles de contaminación ambiental y los muertos por el tránsito.

Por Mario García

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