Deporte y Entrenamiento
Lo que hay que saber para elegir a un entrenador

Ser entrenador no es una tarea sencilla. Son numerosas las cualidades que debemos tener en cuenta para considerarnos buenos o malos profesionales.
Para comenzar, debemos enmarcar la realidad de nuestra profesión en Argentina, ya que se trata de una ocupación que cuesta que se reconozca como tal, y que por este motivo padece de varias problemáticas con las que debemos lidiar día a día.
Antes que nada, tres obstáculos
• El primero es que cualquier persona que realiza un cursito de un año o un instructorado se recibe de “Entrenador”. Pero trucho, claro está. Al no estar reglamentada desde el sistema educativo, ésta es una profesión que tiene grietas y fisuras por las que se filtran los no profesionales de las ciencias del movimiento que, sin embargo, ejercen libremente. Pero lo más grave de esto no es que estas personas tengan un título de instructor o entrenador nacional que los habilite, sino que ejercen como tales y cometen errores con deportistas que depositan su plena confianza en ellos.
• El segundo problema es que en el 95% de los casos de entrenadores que conozco, todos amamos nuestra profesión y sentimos pasión por lo que hacemos. Pero se nos presenta un inconveniente cuando tenemos que hacerles entender a los deportistas que nuestra profesión, como cualquier otra, debe ser remunerada. Lo que sucede es que se confunde pasión con hobby. El hecho de que nos guste la profesión no significa que no sea trabajo y, como todo trabajo, este también debe ser remunerado.
• La tercera problemática es que todos opinan sobre lo que deberíamos hacer o no con tal o cual deportista. Al ser una profesión que se desarrolla en un ámbito “no formal” (me gusta decir siempre que mi oficina es la naturaleza), cualquier persona se cree con derecho a sugerir, opinar o aseverar al respecto.
A mí jamás se me ocurriría decirle a un médico qué remedios darle a un paciente o sugerirle a un arquitecto cómo hacer el plano de un edificio. Pero en materia de entrenamiento todos opinan y son muy comunes frases como este chico va andar bien en medio ironman, no en ironman, o mirá como corre, tiene que levantar más las rodillas, o qué desastre como nada y encima no patea casi nada, o esa chiquita para andar bien tiene que bajar dos kilos. Hablan como si nosotros no supiéramos todo esto, pero no contemplan que tal vez nuestro plan de acción tiene otras prioridades.
Director de orquesta
Tratemos de aclarar cuál es el rol que debemos tener como entrenadores. En una conversación telefónica que mantuve con uno de mis entrenados de Santa Fe inmediatamente antes de escribir esta nota, le comenté que estaba preparando mi artículo mensual para Biciclub. Cuando le dije cuál era el tema, me respondió que el creía que el entrenador debe ser un director de orquesta. Una descripción más precisa, imposible. El término entrenador es muy amplio y engloba numerosas cualidades, a saber:
• Ser un gran motivador
Debe saber cómo hacer que su deportista entregue el 100% de su capacidad no sólo en las competencias sino también en los entrenamientos. El factor motivacional debe estar presente en todo momento, en una charla previa a un viaje o a una competencia o antes de la largada. ¡Pero también en cada llegada! Se trata de motivar en cada momento y en cada situación, en el plano deportivo y también en el personal. Nosotros no entrenamos cuerpos, entrenamos personas, con todo lo que eso implica (problemas a nivel familiar, laboral, personal, etcétera.)
• Tener conocimiento del deporte
Muchas veces me preguntan si es mejor un entrenador que haya sido campeón en su deporte o un profesor que lo estudió pero que nunca lo practicó. Ninguno de los dos es el perfecto. El entrenador debe saber del deporte y haberlo vivenciado, pero esto no necesariamente quiere decir que tenga que haber sido campeón. Y también, indefectiblemente, debe estudiar sobre el mismo. Lamentablemente conozco muchos pseudo entrenadores de triatlón que no saben lo que es una transición. O de ciclismo que no conocen el término ir a rueda. O entrenadores de mountain bike que la única subida que han hecho es al cordón de la vereda. O fisiólogos que evalúan nadadores y después recomiendan series de entrenamiento sin siquiera haberse salpicado los pies con cloro. En el otro extremo están los ex ciclistas, nadadores, triatletas o mountainbikers que les dan a sus entrenados los mismos planes que ellos hacían en su época de deportistas. En cualquiera de los dos casos, lo único que estamos haciendo es faltarle el respeto a nuestro deportista.
• Empatía
Aquí hablamos de la facultad de interpretar las emociones, sentimientos y pensamientos de los demás. Sin eso, la profesión es inimaginable. Debemos saber captar y manejar el estado de ánimo bajo, medio o superior de nuestros deportistas, para aconsejarlos, guiarlos y orientarlos. Un buen entrenador no necesita agredir, gritar desaforadamente, ni humillar a sus alumnos. Sólo debe saber comprenderlos y guiarlos, en el marco del mayor de los respetos. Y si cometemos un error, hay que reconocerlo y enmendarlo.
Cuando mis deportistas, en broma, se quejan de que ellos tienen que soportarme, les digo que yo debo aguantar tantas personalidades como alumnos tengo, es decir decenas de personalidades y realidades diferentes. A lo que ellos me retrucan: pPero aguantarte a vos vale como soportar a decenas. En lo particular, cuando no he tenido empatía con alguno de mis deportistas, tarde o temprano la relación se acaba.
• Saber comunicar con claridad
Las consignas que damos deben ser claras, en un tono de voz adecuado y factibles de realizar. No debemos olvidar que trabajamos en ambientes con numerosas variables que interfieren en la comunicación (piletas, rutas, montañas, pista, velódromos.) Si la consigna no es precisa, el objetivo no se logra en tiempo y forma, la pausa se alarga, la intensidad no se respeta. En definitiva, no se entrena bien. Llevar adelante un entrenamiento de entre 45 minutos y 2 horas requiere sí o sí de un modo claro de comunicar.
• Ser positivo al comunicar
Esto tiene que ver con la motivación y con mantener estables los niveles de autoestima del deportista. Siempre digo que toda situación tiene un lado positivo, y me refiero a TODAS, sin excepción. Hasta una derrota tiene su parte buena de aprendizaje, de maduración. Cuando un tiempo no sale, no debo negarlo, pero sí tengo que decirle inmediatamente a mi deportista que ya va a salir. Cuando un resultado no se da, hay que ser perseverante, hay que sobreponerse y seguir entrenando. Somos nosotros, los entrenadores, quienes debemos transmitir eso. Siempre hay que tratar de remarcar el lado positivo de lo que aun no se logró.
• Predicar con el ejemplo
Un entrenador que fuma, bebe, es sedentario e irresponsable no tiene la autoridad moral para exigirle a sus deportistas compromiso, perseverancia, puntualidad, respeto. No puedo pedirle a un alumno que venga siempre a entrenar si yo falto injustificadamente. Tampoco puedo solicitarles puntualidad si yo llego siempre tarde. Mis deportistas suelen decirme ”Sarmientito”. Por ejemplo, los controles de ciclismo los realizo los días jueves. Alguna vez el 25 de diciembre fue jueves. Otra, el 1º de enero también cayó ese día. Igual que el 2 de abril o el Jueves Santo. Sin embargo, yo fui a entrenarlos igual. Pues para un deportista no hay feriados, sólo hay sesiones de entrenamiento. Estoy convencida de que lo que se enseña mediante el ejemplo no necesita explicación en palabras.
• Respetar a la persona
Conozco, lamentablemente, muchos entrenadores a los que los superan las ansias de figurar a través de sus entrenados, a tal punto que anulan al deportista y hasta toman decisiones riesgosas para ellos, desde inducirlos a incurrir en el doping y al consumo de sustancias prohibidas hasta arriesgar su propia salud en pos de un resultado deportivo. Pasé una situación personal de ese estilo con un colega con el que trabajé más de siete años. En un período en el que él no estaba, detecté que una nadadora tenía arritmia (250 pulsaciones, se las tomé yo misma y no lo podía creer.) En ese instante la hice salir del agua y le dije que llamara a sus padres porque debería ver a un cardiólogo. Cuando a los tres días regresó, su entrenador, mi colega, le ordenó hacer una ergometría de esfuerzo (que de hecho son submaximales) y después de eso le dijo que no tenía nada y se la llevó a un torneo. Es que esa nadadora debía sumar puntos para el equipo. Y me dijo a mí que había sido en vano alarmar a la familia. Fin de la historia: cuatro semanas después tuvieron que operar del corazón a la nena en una clínica de Buenos Aires.
Después de esa experiencia me desvinculé de él. No podía formar parte de un cuerpo técnico que prioriza sumar puntos por sobre la salud de un deportista.
Mi filosofía es que entrenar es una herramienta más que nos prepara para la vida. Si ganamos, mil veces mejor. Pero si no, todo está bien igual. No se me ocurriría jamás arriesgar a un deportista por obtener una medalla.
• El entrenador es guía, no dueño
Hay deportistas que cambian de entrenador y entrenadores que se enojan cuando un deportista los deja porque los reemplazan por otro. Sin embargo, no somos dueños de nuestros alumnos. Solamente somos guías en determinada etapa de sus carreras. Y cuando la relación se agota, sea por el motivo que fuere, el deportista debe buscar otro rumbo.
Como entrenadora, me gusta estar en Córdoba porque acá hay excelentes colegas y eso me obliga a capacitarme permanentemente para estar a la altura de la demanda de mis deportistas, pero si alguna vez (como se ha dado ya muchas veces) no puedo satisfacer sus expectativas, sé que debo dar lugar a que otro profesional sí lo haga.
• Cuando el techo está cerca
Creo que queda claro que ser entrenador en la actualidad es una profesión más que exigente (llevada a cabo con seriedad y compromiso, por supuesto) y que demanda de nosotros conocimientos de psicología, pedagogía, medicina y fisiología. Si no estudiamos, leemos e investigamos, nuestro techo profesional está muy cerca. En esta profesión hay conocimientos médicos, fisiológicos, metodológicos y muchas veces también técnicos-deportivos de hace apenas cinco años que hoy ya están desactualizados. Por eso, el dinero mejor invertido es en bibliografía, cursos y viajes a competencias. Sólo así estaremos permanentemente preparados para afrontar este noble desafío de conducir a nuestros deportistas al logro de sus objetivos.
Bibliografía: El Entrenador, de Martens-Harvey y Sharkey.
Texto: Elisa Lapenta*
Foto: Marcos Sarmento/Unsplash
*La autora es Profesora de Educación Física, especializada en Alto Rendimiento en Alemania, titular de H3o (servicio de entrenamiento orientado a deportistas de todos los niveles: tiempo libre, amateur, semiprofesional, pofesional): (0351)6225243 | elisalapentah3o@hotmail.com | h3o Sports | Instagram @elisanoemilapenta
ABC
La técnica de pedaleo adecuada
Es común que durante el pedaleo muchas personas sientan molestias, dolores o sensaciones extrañas que no son habituales. ¿Alguna vez analizaste tu técnica de pedaleo y tu posición en la bici? ¿Sufrís de dolores de espalda, cuello o rodillas al terminar tus sesiones de entrenamiento? ¿Sentís que al pedalear hacés demasiada fuerza o vas demasiado liviano?
Mejorar la técnica puede ser la solución para evitar lesiones, dolores musculares y/o articulares, reducir el desgaste innecesario durante una sesión de entrenamiento y disfrutar plenamente del pedaleo.

La postura correcta
Antes de subirse a la bici es recomendable establecer la altura del asiento. Éste debe situarse al nivel de la cadera y estar paralelo respecto del piso. Una vez sentados en posición de pedaleo, al apoyar el talón sobre el pedal (en el momento en que se encuentra el pedal más cerca del piso) la pierna debe quedar semiflexionada y no extendida por completo.
Si al pedalear hay un balanceo de la cadera hacia a un lado y otro, significa que el asiento está alto. Si existe una exagerada flexión de las rodillas (sobrepasan en altura a la cadera), debe corregirse la altura del asiento subiéndolo. Atención: una flexión exagerada de rodilla puede acarrear lesiones.
Respecto a los brazos, no deben estar extendidos al pedalear. Es algo común que pase cuando la distancia entre el manubrio y el asiento es demasiado grande. Por el contrario debe haber una semiflexión de los codos de manera que se mantengan relajados los miembros superiores (cuello, hombros, brazos, manos). Además, esto evitará que las irregularidades del terreno, convertidas en vibraciones, repercutan en nuestra espalda y miembros superiores, especialmente en antebrazos. Así lograremos que no aparezcan esas sensaciones de contractura muscular que con el paso del tiempo se pueden agudizar, hasta obligarnos a parar de pedalear.
Las manos se deben mantener relajadas y apoyadas sobre el manubrio (éste no debe estar ni muy bajo ni muy alto respecto de la posición del asiento). No deben ir agarradas haciendo fuerza en todo momento, algo que solo será necesario en determinadas situaciones, como por ejemplo, al pararnos en los pedales, encarar una pendiente o aumentar la velocidad repentinamente (embalar).
El torso tiene que estar inclinado hacia el frente a unos 45º respecto del manubrio, de modo de evitar chocar frontalmente contra el aire y tener molestias en la zona lumbar. Y cuidado, en ningún momento se debe descargar el peso corporal totalmente hacia adelante. Éste debe estar balanceado entre el asiento y el manubrio.
El ciclo de pedaleo
Básicamente nos referiremos al pedaleo como un movimiento circular con una aceleración hacia el frente que luego irá descendiendo para comenzar a ascender hasta llegar a la posición inicial. Partimos de la base de que en cada ciclo debe aplicarse la fuerza de manera uniforme durante todos los momentos del pedaleo. De esta manera se involucra un mayor número de músculos, especialmente glúteos, flexores de pierna, flexores de cadera y extensores de pierna (cuádriceps), los cuales se emplearán de manera colectiva.
Obviamente, para lograr el pedaleo uniforme lo mejor será hacerlo con pedales de sistema click-on o automáticos y zapatos de ciclismo con sus calas específicas. Con pedales con punteras o simplemente pedales convencionales, muchos momentos del ciclo de pedaleo no pueden aprovecharse.
El ciclismo estacionario o indoor
Se trata de una excelente opción para complementar el entrenamiento, comenzar a pedalear o simplemente movernos un rato. El objetivo principal de quienes se acercan a esta actividad es continuar con el entrenamiento, haciendo trabajos específicos de pasadas y fuerza.
El ciclismo indoor es una excelente oportunidad para concentrarnos también en nuestra técnica de pedaleo. Esto es importante porque esa técnica (sea buena o mala) irremediablemente la aplicaremos luego cuando estemos rodando en nuestra bicicleta.
Hay que prestar atención especialmente en clases grupales, ya que al subirnos a una bici fija que fue usada por otra persona siempre habrá que realizarle modificaciones antes de comenzar.
Los errores más comunes
– Pedalear con el asiento bajo o alto, lo que trae como consecuencia dolores en las rodillas y en la parte baja de la espalda.
– Pedalear todo el tiempo con muy baja o demasiada cadencia produce un desgaste innecesario de energía. Se siente como un pedaleo trabado o, al contrario, demasiado fácil.
– Hacer fuerza con los brazos y mantener los hombros duros ¡A relajarse!
– Llevar muy rígidos los tobillos. La articulación del tobillo se modifica en cada ciclo de pedaleo y es importante permitir que esto suceda con naturalidad.
Consejo para mejorar
Pedile a alguien que te filme de frente, de espalda y de perfil mientras pedaleás. Luego analizá tu posición y técnica. Recordá que trabajar y mejorar tu forma de pedalear te permitirá hacerlo de manera eficiente y disfrutar más de las sesiones indoor así como los kilómetros en ruta.
Por Pablo Canales: Profesor en Educación Física (UNLP), Especialista en Rehabilitación por el ejercicio (UCALP), Entrenador de Atletismo/ Triatlón e Instructor de Spinning: canalespra@gmail.com, pra_canales@hotmail.com.
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Campeonato Mundial de Gravel UCI 2025: un desafío épico en los paisajes de Limburg

Dutch Mathieu Van Der Poel pictured in action during the men elite race at the UCI World Gravel Championships, Sunday 06 October 2024, in Leuven.
BELGA PHOTO DAVID PINTENS (Photo by DAVID PINTENS / BELGA MAG / Belga via AFP) (Photo by DAVID PINTENS/BELGA MAG/AFP via Getty Images)
Originalmente previsto para los días 18 y 19 de octubre de 2025 en Niza (Francia), el Campeonato Mundial de Gravel UCI fue finalmente reubicado, debido a “dificultades de organización” y calendarización, en la región del Zuid-Limburg (Limburgo Meridional), Países Bajos, con fechas definitivas los días 11 y 12 de octubre de 2025.

Un entorno ideal para el gravel
Limburgo del Sur, galardonada en 2016 con la etiqueta UCI Bike Region, acumula una sólida trayectoria como anfitriona de grandes eventos ciclistas: cinco mundiales de ruta y un campeonato de ciclocross. La elección de esta región no fue casual: sus ondulantes colinas, pistas forestales y caminos rurales conforman un terreno ideal para una prueba tan exigente como la gravel.
Recorrido técnico y exigente
El trazado definitivo presenta un circuito de aproximadamente 50 kilómetros que combina diversas superficies—grava, caminos rurales, senderos forestales y tramos pavimentados de transición—y cuatro ascensos cortos de entre 500 y 1 500 metros.
Uno de los puntos álgidos de cada vuelta es la exigente subida del Diependaalsweg, que aparece alrededor del kilómetr 40 e incluye tramos arenosos. Además, en el bucle final hacia Maastricht, se presenta la ascensión clave: el Bronsdalweg, un kilómetro con una pendiente media del 7.2 % y puntas de más del 8 %, casi íntegramente por grava, a solo 14 kilómetros de meta.

Formato de las carreras
La competencia elite femenina (131 km) incluirá 2,5 vueltas al circuito, mientras que la élite masculina (180 km) completará 3,5 vueltas. Además, se disputarán pruebas en 13 categorías de edad (amateurs) durante ambos días.

Los protagonistas
En el torneo participarán los actuales campeones del mundo Mathieu van der Poel (élite masculina) y Marianne Vos (élite femenina), ambos de los Países Bajos.
Eventos
Trasmontaña 2025 – Crónica desde La Sala, barro y todo

Por Pedro Piusselli
Este domingo, La Sala fue epicentro de una batalla de barro y espíritu biker: la edición 31 del Trasmontaña convocó a casi 2.500 riders, que salieron desde las 8 de la mañana con sus bicis listas, las cubiertas ya amasando tierra y ganas de correr en el cuerpo.
Desde la primer vuelta de pedal se adivinó que el circuito iba a marcar la jornada. Mucho barro acumulado, senderos resbalosos, trepadas que exigían todo y bajadas que pedían tomar decisiones rápidas para no terminar en el pasto. Claro, también hubo momentos de vértigo y esos descensos que te dejan el corazón en las manos.
Triunfo inesperado en Élite Caballeros
En Élite Caballeros, y en una carrera que quizá pocos veían venir, Agustín Durán (San Juan) junto a Juan Ignacio Goudailliez (Mendoza) cerraron la general como nuevos campeones del Trasmontaña, rompiendo el dominio de Macías/Contreras que venían de cuatro títulos seguidos.
Durán, extenuado pero feliz, lo definió con una frase que resume el alma del MTB: “Es una carrera muy dura… pero al final lo disfrutamos por completo”. Y Goudailliez agregó, casi riéndose de lo vivido: “Me enredé entre dos árboles y perdí unos segundos, pero quedé muy contento”.
Dominio en Élite Damas
Entre las Damas, el título de Élite fue María Emilia Filgueira y Leila Luque, quienes ratificaron su potencia y temple en medio de un trazado que exigió técnica y resistencia por igual. Con ritmo constante y bajadas sin titubeos, se quedaron con la categoría y sumaron una página más a la historia grande del Trasmontaña.
Un mito entre nosotros
Y si todo eso ya era llamativo, apareció un nombre que parece de otra era: Ned Overend. Por primera vez en Argentina, el primer campeón mundial de cross country corrió el Trasmontaña. Verlo pedalear entre la senda tucumana a sus 69 años en dupla con Martín Ariel Santos fue una de esas postales que te recuerdan que el amor por este deporte no envejece.
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