La antinomia entre las reglas de tránsito hechas para los automovilistas y las reglas no escritas, basadas en la cortesía y los buenos modales, que se aplican en lugares donde no circulan automóviles. Por qué es necesario pensar como un automovilista cuando vamos a mezclarnos con los autos o a cruzarnos con ellos. Algunos criterios —derechos y obligaciones— para movernos en bici por la ciudad.

Si bien las reglas de tránsito han sido escritas solamente para posibilitar el flujo ilimitado de automotores (antes del reinado del automotor no existían reglas escritas de ningún tipo) y no para proteger a los otros protagonistas del tránsito sino para sacárselos de encima, es absolutamente necesario que los ciclistas las conozcamos en detalle aun cuando eventualmente no las cumplamos en su totalidad, tal como hacen los automovilistas. Y digo conocerlas a fondo porque a la hora de pedalear mezclados con el tránsito automotor, si queremos preservar nuestra integridad debemos pensar como un automovilista tanto al momento de respetar esas reglas como al momento de no respetarlas.
Repito: las reglas de tránsito fueron escritas solo para favorecer el flujo de los vehículos a motor y no protegen ni a los peatones ni a los ciclistas. Por eso, si querés actuar inteligentemente, es posible que al pedalear en el tránsito tengas que pensar como un automovilista.
Doy un ejemplo de lo que quiero decir con esto de “pensar como”. Cuando los ciclistas circulamos por vías segregadas exclusivas para nosotros y eventualmente compartidas con peatones, monopatines, patinadores, niños en triciclos, etcétera, etcétera, constatamos que ninguna de las reglas de tránsito (automotor) se aplican en ese entorno, ya que en ese ambiente de baja velocidad en el que todos los protagonistas tenemos contacto visual y auditivo la única regla que se aplica es la de la cortesía y las buenas maneras, que era la regla no escrita que regulaba la vida en las calles antes de que estas fueran invadidas por el automóvil. Basta acercarse un fin de semana a lugares que existen en muchas ciudades grandes, como parques, avenidas o costaneras, con acceso prohibido a automotores y motos, y encontrarse con una imagen caótica y multitudinaria de gente circulando a pie, en patines, en tablas, en bicis, en triciclos…, en la que no lograremos detectar ni siquiera roces. Cada cual hace su viaje, sin semáforos ni carriles ni policías de tránsito y todos felices.
Pero, y ahora vamos al grano, cuando conducimos entre automóviles las reglas de las buenas maneras ya no existen, pese a que haya algunos automovilistas con modales. Es que, en primer lugar, la enorme masa de un automóvil es peligrosa de por sí, ya que cualquier toque de esa masa en movimiento con algo produce daño, aunque la velocidad sea reducida. En segundo lugar porque el conductor del automóvil está prácticamente aislado de su entorno por esa masa metálica en la que está contenido, tiene muchos puntos ciegos, no percibe los ruidos externos y esto sin meternos en el tema de que la mayor parte de los conductores manejan distraídos, escuchando radio y hasta hablando por teléfono. Y en tercer lugar porque la mayor parte de los automovilistas, si están atentos lo están muy privilegiadamente con respecto a los demás automotores que lo pueden dañar y no tanto con respecto a los que ellos pueden dañar, que suelen resultarles invisibles.
Por esto sostengo que cuando pedaleamos en el tránsito debemos pensar como automovilistas, y digo esto en el sentido de pensar no sólo qué haremos nosotros a continuación sino también prevenirnos de las posibles conductas de los automovilistas que nos rodean y que nos cruzan en las intersecciones. No podemos movernos en el tránsito con la conciencia con que nos movemos en una vía segregada. Constantemente debemos estar preguntándonos cosas como esta: ¿Va doblar cortándome el paso? ¿Va a frenar de golpe? ¿Va a cambiar de carril sin aviso? Se detuvo, ¿va a abrir la puerta de mi lado?
En el medio del tránsito debemos conocer las reglas estándar de ceder el paso, señalar, girar o cruzar, tener reflejos suficientes como para anticiparnos a las malas maniobras que permanentemente realizan los automovilistas y pensar en la bicicleta como un vehículo más que maniobra por las calles.
En este marco es que les voy a describir a continuación algunas reglas básicas para movernos en el tránsito con nuestra bicicleta. Obviamente la lista no es exhaustiva ni su contenido concluyente, de modo que tu aporte será bien recibido en redaccion@biciclub.com.
A veces hay que frenar
Estate atento. Esperá lo inesperado. Vivimos en una red. No sólo te puede aparecer un automóvil inesperadamente en una esquina, también atrás de un auto estacionado puede aparecer un niño que cruza la calle o un adulto distraído que no merece que lo lastimes. O un automovilista puede abrir inesperadamente la puerta.
Sabemos que cuanto más semáforos, más accidentes y de mayor envergadura. Hay estadísticas precisas al respecto. En las esquinas con semáforos es donde se producen mayor cantidad de accidentes. Pero ahí están y debemos respetarlos. Y si no estamos de acuerdo con su existencia bregar social y políticamente para que los retiren de donde no son estrictamente necesarios.
Sé que muchos de nosotros no respetamos esta regla siempre. Lo hacemos cuando se trata de cruzar esquinas de tráfico intenso. Y en otras ocasiones pasamos de largo sin tener siquiera la precaución de aminorar la velocidad o -en caso de que haya coches estacionados en la calle que vamos a cruzar- sin siquiera darnos la oportunidad de observar si no viene un auto o una moto a lo lejos a altas velocidades. Personalmente he llegado a ver ciclistas cruzando en rojo avenidas de alto tránsito, maniobrando, especulando, algo así como practicando un deporte extremo para el que no están ni mínimamente preparados.
Una técnica legítima que puede permitirnos el salto de un semáforo es usar el “intervalo peatonal”, que les da a las personas una ventaja sobre los autos en los cruces peatonales. En algunos cruces de avenidas esos saltos peatonales se abren cuando se detiene el tránsito lineal en la avenida y se permite un giro a la izquierda, en cuyo caso se pone en verde el paso peatonal del lado contrario al giro.
Sea como fuere, hay situaciones en la que hay que frenar de golpe. Sabemos intuitivamente que para lograrlo hay que aplicar los dos frenos, pero en realidad lo que debemos hacer es apretar un poco más el delantero que el trasero, ya que el delantero tiene mayor potencia de frenado. Y simultáneamente debemos lograr que la rueda trasera no se despegue del piso —con la consecuencia de que volemos por sobre el manubrio. ¿Cómo evitar esto?: mientras frenamos debemos despegar el culo del asiento, llevarlo atrás de este y bajarlo, todo mientras mantenemos las piernas rectas, en contacto con los pedales, y bajando un poco los talones. Esto lleva el peso de nuestro cuerpo hacia atrás y mantiene a la rueda trasera en contacto con el piso, con lo que no solo no volaremos sobre el manubrio sino que además ganaremos potencia de frenado. En condiciones normales urbanas y con práctica esta frenada puede completarse en menos de dos metros.
Adueñarse del carril
No siempre es necesario acobardarse con los autos. En particular cuando se refiere a nuestro derecho como vehículo al carril. El hecho de que seamos más lentos y delgados que un automóvil no nos quita el derecho a ser los dueños del carril. Primero que nada somos tránsito y en segundo lugar de esta manera somos más visibles para los conductores. Cuando por el contrario vamos por el borde de un carril estamos invitando al automovilista a que nos sobrepase finito o inclusive a que ni siquiera nos vea cuando el tráfico es intenso o se siente amenazado por otro automóvil o hay muchos elementos de distracción afectándolo.
No hay que quedarse a la derecha tanto como sea humanamente posible, como indican los lobistas del automotor o como pretende el automovilista con sus bocinazos. Cuando los ciclistas se quedan a la derecha, los conductores piensan que pueden pasar a su lado, haya o no el espacio suficiente, además de dejarte sin la posibilidad de poder esquivar un obstáculo en el camino o una puerta que se abre. Es infinitamente más seguro tomar el medio del carril; de esa manera los conductores no tendrán más remedio que tratarte como un vehículo y sobrepasarte -cuando puedan- por el carril izquierdo, como corresponde.
En todo caso, por una cuestión de cortesía, puede haber sectores (sin autos estacionados, esquinas, etcétera) que nos permitan apartarnos para dejar sobrepasar a un auto que viene atrás nuestro.

Ser predecible
Generalmente los ciclistas nos involucramos en choques o situaciones de peligro por dos razones diferentes: exceso de confianza o falta de confianza.
Los creídos son aquellos que se largan a cruzar una avenida con el semáforo en rojo o los que se mueven en la ciudad como salmones, contra el flujo del tránsito o a favor de él pero haciendo cortes repentinos. Son casos perdidos sobre los que no tiene sentido reflexionar, ya que en general son personas que ni siquiera cumplen con las reglas atávicas de los buenos modales con respecto a los peatones. Son automovilistas en dos ruedas.
Pero hay ejemplos que sí merecen una reflexión. En muchas ciudades hay calles de sentido único con carriles para bicicletas de doble sentido. Estas piezas de muy “imaginativa” arquitectura urbana deben abordarse con considerable precaución. El principal desafío es cuando vamos por la mano de la ciclovía que va en sentido contrario al de la calle y nos acercamos a una intersección, con otros autos y peatones que para decidir si pueden cruzar la calle miran justamente para el lado contrario del que nosotros estamos yendo. Su mirada busca autos, los mayores victimarios de la calle. Está en nosotros prestar mucha atención al encarar estos cruces y no confiarnos jamás que los que están por cruzarnos nos hayan visto.
Este elemento inesperado se aplica particularmente a los ciclistas menos seguros, o sea la mayoría, a los que las ciudades no brindan suficiente espacio para movilizarse en bicicleta, pero en ocasiones, por distracción, puede afectarnos a todos. Conducir distraído en ciudades como las nuestras puede acortarnos la vida…
Y en cuanto a predictibilidad no olvidar hacer señales antes de doblar (alzando la mano correspondiente) como al frenar (mostrando hacia atrás la palma abierta de una de nuestras manos).
La idea central es rodar de manera predictiva —haciéndonos visibles y señalando nuestras intenciones— y sabiendo adónde vamos y por dónde lo haremos. Pero si bien debemos maximizar nuestra visibilidad, cuando tengamos dudas es conveniente movernos como si fuéramos invisibles, o sea apartarnos del camino, lo que nos da un momento extra para encontrar la mejor manera de avanzar. Siempre es posible llegar a donde queremos sin ponernos en riesgo.
Comodidad y seguridad
En zonas urbanas una posición erguida en la bici nos permite tener una buena visión de nuestros alrededores y la comodidad suma a la hora de no sufrir molestias físicas que nos puedan distraer. Por todo ello vale la pena siempre optar por bicicletas de diseño específicamente urbano (cuya geometría es muy diferente a la de las mountain bike o ruteras o playeras) y cuyo talle se corresponda a nuestras medidas.
En cuanto a neumáticos, los más anchos (40 a 50 mm) y con algún dibujo ofrecen más adherencia, se pueden utilizar con menos presión de inflado –lo que suma confort– y no agregan mucho peso al conjunto.
Si bien en las ciudades del norte europeo donde la gente se mueve en masa en bicicleta nadie utiliza casco, en países como los nuestros, sin infraestructura segregada adecuada y con automovilistas desatados que se sienten con derecho absoluto a la calle, el casco es un elemento de seguridad indispensable. Con la advertencia de que debe ser de buenísima calidad (lo baratos definitivamente no nos sirven y nos dan una falsa sensación de seguridad) y estar bien colocado.
Otro elemento de seguridad clave, las luces, que debemos utilizarlas no solo de noche sino también de día: cuanto más visibles seamos, más seguros estaremos.
Qué decir con respecto a los auriculares que ya no se haya dicho. Usarlos es hacer lo contrario de lo que estamos hablando en estas páginas, ya que nos aíslan del entorno y nos impiden detectar cuando algo se nos aproxima por detrás, lugar de donde provienen los mayores peligros para un ciclista.
Finalmente, debemos hacer chequeos periódicos de nuestra bicicleta y de los elementos con más incidencia en la seguridad como los frenos, los neumáticos y la transmisión.
Puntos ciegos
Una clave de seguridad en el tránsito es mantenerse fuera de los puntos ciegos de los vehículos a motor. Los autobuses, camiones y otros vehículos de gran tamaño tienen puntos ciegos particularmente expansivos, especialmente en el lado derecho. Tratemos de no adelantar a un vehículo grande si podemos evitarlo. Una regla para esto es que si no podemos ver la cara del conductor del vehículo mirando al retrovisor es que él no nos puede ver a nosotros.
Cuando nos acercamos a una intersección y estamos con un vehículo largo a nuestra izquierda que está por girar a la derecha, es muy posible que el conductor no nos vea y nos corte el paso o directamente nos embista con su lateral.

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Por Mario García | Fotos: Ariel Sabatella