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Curiosidades

Pasó en el taller: una «emergencia»

—¡Hola qué tal, buenas tardes! —el hombre estira el brazo para darme la mano.
—Hola, bien, decime —contesto y sigo trabajando.
—Yo alguna vez vine a pedirte un parche, ¿me podés prestar 50 pesos?
Entrecierro los ojos, miro a un amigo que presenciaba la situación.
—¿Me estás preguntando en serio o me estás cargando?
—Es en serio, es una emergencia.
—Disculpá, pero no, no te conozco, no sé quién sos y no sé la emergencia —no noto en él signos de preocupación ni nada parecido.
—Bueno, gracias —sonríe medio riéndose y se va.
Para su extraña “emergencia” este muchacho no pidió vaquita, no lo vi pedir ni antes ni después a ningún local vecino, su actitud era despreocupada… ¿Por qué a mí?

Por Damián Raggetti: propietario de la bicicletería Rashe.

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Curiosidades

Pasó en el taller: ¡que clientela!


Conocido grandote del barrio, de unos 150 kilos, ingresa al taller.
—Buenas, che, viste los rayos de bici…, ¿se venden sueltos?
—Sí, me tenés que decir la medida.
—¿Tenés uno para mostrarme? Te digo para qué es: quiero hacerle un “manguito” a un hueso de pescado para que quede una punta. Le das con eso a alguien y lo arruinas.
—Ajam….
—Sí, viste que está todo re complicado. Es para una amiga. Le hago un manguito de cuero y queda re disimulado. Al primero que se mande una…
(El hombre hace un gesto como que apuñala a alguien)
—Claro, emm, yo creo que si lo hacés así y así, te va a quedar con mejor agarre y con un alma de acero en el hueso.
—Gracias amigo, después te lo traigo.
No sé quién fue peor: el que vino con la idea o el que le cerró la idea…

Por Damián Raggetti: propietario de la bicicletería Rashe.

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Pasó en el taller: «Me apretaste de más las tuercas»

Una mujer de unos veintitantos ingresa al taller.
—Hace dos semanas te traje esta bici para cambiarle la rueda y al par de días se trabó. Mi amiga me dijo que es porque le apretaste mucho las tuercas.
(Miro la rueda, es contrapedal, conos recontra flojos, cubierta nueva. Tengo la idea que le había hecho un parche aparte de cambiarle la cubierta).
—Sí, pero esto no es por apretar mucho. Está re flojo y el sistema de adentro o se te desarmó y clavó o se te venía rompiendo y se terminó de romper.
—Pero el otro día la puse nueva.
—Sí, pero lo que pusiste nueva fue la cubierta, no la maza.
—Pero yo ya te pagué.
—Sí, pero cambiamos cubierta. La llanta y la maza son viejas y por lo que veo ya no daba más esa rueda.
(Veo óxido, algún golpe).
—Yo no la veo rota.
—Claro, pero se te jodió de adentro.
—Arreglámela, yo ya te pagué.
—Te repito, la maza está detonada. A la maza no le hice nada, lo que cambié fue la cubierta.
—Mi amiga me dijo que apretaste de más las tuercas…
—Mirá, ponele que apreté las tuercas a morir. Si así fuera, esto que te pasó no pasaría. Se te desarmó de adentro, eso es por usarla floja, no por apretarla.
—Pero mi amiga me dijo que las apretaste mucho. Aflojalas, ella me dijo que apretaste de más las tuercas.
(Le muevo la rueda para todos lados)
—Si estuviesen apretadas no se moverían así. Esto es de usarla floja y que se te terminó de joder o ya venía en las últimas y detonó. Si querés te hago un dibujo de qué te pasó. No sé más cómo explicarte.
—No te voy a volver a pagar, arreglamelá. Yo no la veo rota, ¿sabés qué? ya se cómo laburas acá, a este lugar no vengo más.
(Portazo y puteadas de fondo. Se fue sin entender el problema de su rueda, con un diagnóstico erróneo).

Por Damián Raggetti: propietario de la bicicletería Rashe.

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Curiosidades

Pasó en el taller: «No uses la bici así que te vas a matar»

Una chica de unos 25 años entra al taller.
—Hola, ¿Te puedo pedir un favor? ¿Me podrás apretar el manubrio?
Miro la bicicleta, es una playera con manubrio chopero. Miro desde abajo el stem.
—Aunque te lo apriete se te va a seguir moviendo. ¿Ves que acá abajo se te partió? Yo que vos lo cambiaría o no la usaría, porque se te va a salir el manubrio.
—Dejá, no importa, ando así, voy despacito.
—Pero no la uses, posta, se te va a salir.
—Después cuando pueda lo cambio.
Al otro día, veo venir a la chica con el manubrio en la mano.
—Hola, cambiale esa pieza.
—Ufff, hola ¡Te raspaste todo el brazo!
La chica se levanta un poco la manga del pantalón. Tiene toda la pierna afrutillada.
—Uhhh, te hiciste mierda. Dejámela un rato que termino unas cosas y te la hago.
—Dale, hasta luego.
Esto pasa seguido. No sé qué piensan cuando les digo “No uses la bici así que te vas a matar” y la usan igual. A veces no es por falta de plata, es de colgados. Pasa hasta con cuadros partidos y ruedas que se abren al medio.

Por Damián Raggetti: propietario de la bicicletería Rashe.

 

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Pasó en el taller: eso que cualquier bicicletero tiene que saber

Una mañana entra un hombre al taller. Tendría unos 50 años y un pedal en la mano. Me dice que tiene que cambiarlo. Miro la rosca y le digo:
—Che, si esto está así, todo barrido, imagino que la palanca esta igual. Seguramente tengas que cambiar la palanca y los pedales.
—Esto me lo pusiste vos hace tres meses, no puede ser que se haya roto, si se barrió así es porque no lo apretaste –me contesta.
Miro el pedal, no solo la rosca está fea. El pedal viene todo raspado, era de los más económicos, esos que ni siquiera tienen bolillas, a buje.
—Esto es mal uso. Disculpá pero no se me pasó. Soy bastante obse con las cosas y te puedo asegurar que algo así no se me pasa.
El hombre insiste varias veces en que no sé apretar las cosas. Dice que le puse la rueda torcida, que eso cualquier bicicletero lo tiene que saber, que la cadena se la cambié y quedaba corta, y la rueda le quedaba adelante (una bicicleta con cambios, algo que salvo este muuuy corta, muuuy, no pasaría)… Le contesto poco, sólo con preguntas dando el beneficio de la duda. En un momento el hombre me dice:
—¿Y ahora qué? ¿Tengo que volver a cambiar el pedal y la palanca? Esto es porque no lo apretaste.
—Claro, rompieron todo por mal uso.
—¿Y cómo es que el pedal derecho que es mucho más viejo aguantó más? La bici tiene un uso normal, para paseo: esto no lo apretaste.
Pienso: ahí pisó el palito.
—¿Cómo que el pedal derecho es más viejo?
—Sí, yo cambié solo el pedal izquierdo.
—¿Y el derecho?
—¡Me vendiste sólo el izquierdo!
—Mirá, los pedales vienen de a pares. Así me los vende el proveedor.
—No sé, te los habrás comido —el hombre hizo comentarios de este tipo tratando de hacerse el cómico o minimizarme todo el tiempo que estuvo.
—Desde que abrí el local siempre cambio el par, nunca vendí un pedal solo, el proveedor me vende el juego, y ¿ves mi tablero de herramientas? ¿No notás que tengo un TOC? Tengo cuatro llaves para ajustar pedales y tres torquímetros. ¿Vos pensás que no sé ajustar un pedal? Esto se rompió por mal uso, punto. Y si decís que te cambié un pedal solo, es que no te los cambié en realidad.
—¿Y yo ahora qué hago con esto? ¿No me lo vas a cambiar?
—No, traé la bici, la reviso y te digo si realmente se rompió porque se rompió o por mal uso. Si la veo estropeada, llanteada, con cosas torcidas o rotas es porque no la saben usar.
—Bueno, después te la traigo.

Por Damián Raggetti: propietario de la bicicletería Rashe.

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