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Cicloturismo

Un viaje de ensueño con punto de partida y llegada en Florencia: la Toscana en bicicleta

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Comenzar y terminar un viaje en Florencia (Firenze para los Italianos), cuna del renacimiento, capital de la región de La Toscana y tierra de los Médici, Leonardo Da Vinci y Dante Alighieri, fue el uno de los objetivos de este viaje. El otro recorrer parte de La Toscana, una región llena de historias tanto ciclísticas como enológicas. Así que asesorados por nuestro amigo Gerardo, residente en Italia desde hace más de 20 años, decidimos armar el recorrido uniendo Firenze con Rada in Chianti y retornar a nuestro punto de partida, pero transitando por dos circuitos diferentes.

Dia 1
Descubriendo una utopía
Todo comienza en la bicicletería Florence by Bike (algo así como la Disneylandia de los ciclistas), donde alquilamos unas excelentes bicicletas para cicloturismo (touring bikes). Modestas si uno es ambicioso en términos de equipamiento, pero más que suficientes para afrontar cientos de kilómetros y muchos metros de desnivel. A partir de esta bicicletería podríamos sintetizar nuestro primer contacto con la realidad cicloturística europea: todo tipo de material a disposición, múltiples ofertas de alquiler y máxima predisposición a que viajes y utilices la bici, como por ejemplo poder dejar en la bicicletería nuestro equipaje hasta el regreso.

Foto: Ali Nuredini en Unsplash

La salida fue impactante. Pasamos (paseamos), con mucha precaución por la cantidad de turistas como por el ancho de nuestras bicis cargadas, por las principales atracciones de Florencia (Catedral de Santa María del Fiore, Baptisterio de San Giovanni, Plaza de la República, Palacio Vecchio), para luego cruzar el famoso Ponte Vecchio sobre el río Arno y salir hacia el suroeste, circulando por una zona residencial antigua de angostas y coquetas callecitas y así, subiendo, adentrarnos de a poco en el corazón de La Toscana.

Desde lo ciclístico esta región está caracterizada por ciclovías y caminos angostos con múltiples subidas y bajadas que sortean una geografía plagada de viñedos y bosques. Así fuimos, Toscana adentro, pasando por pueblitos como San Casciano y Tavernelle Val di Pesa. El protagonista de esta etapa de 75 kilómetros, 1450 metros de desnivel positivo y 10 horas de pedaleo fue sin lugar a dudas el calor, las altas temperaturas inusuales de este verano europeo que pegaban duro: al mediodía ya teníamos 38ºC, a las 14 unos 40ºC y llegando a destino, a las 20 hs, nada menos que 37ºC.
Pero como es de imaginar, pedalear por una geografía de estas características, en un país desconocido por nosotros y ver que la utopía de poder hacer convivir la explotación agrícola con la vida ciudadana, la naturaleza y el deporte era una realidad, hizo que se fueran pasando los kilómetros y las horas. La mayoría de las ciudades y pueblos poseen fuentes de agua potable de uso público, algunas con agua fresca que sirven, entre otros destinos, para la gran cantidad de ciclistas que transitan la zona.

Cada entrada a un poblado parecía una máquina del tiempo: castillos medievales, murallas, iglesias antiquísimas, todo conjugado con lo necesariamente moderno para vivir, como encontrar puntos públicos de servicios para bicicletas (Bike Point) o en una plaza una garita con un desfibrilador de emergencia para RCP. Además, cruzarnos con cientos de ciclistas ruteros o cicloturistas hacía que pertenecer a esta tribu de viajar con bicicletas y alforjas no se sintiera tan extraño.
La peor hora nos sorprendió en el lugar más lindo, más duro y más agreste. El GPS nos indicaba que era por ahí, una huella clara, de fácil tránsito, que se transformaba en una senda en franca subida, todo entre bosque, viñedos y olivares. Fueron unos 45 minutos hasta arribar nuevamente a un camino mas transitable y parar en una casa y pedir por favor permiso para bañarnos con una manguera. Los italianos son muy parecidos a nosotros: solidarios, sobre todo si andas en bicicleta.
El pueblito salvador fue San Donato in Poggio, simplemente por que poseía la fuente de agua más fresca del recorrido, un bien tan ansiado en ese momento y lugar que nos obligó a hacer una parada no prevista para reponer físico y ánimo.
Transitando recuperados (ponele…) los últimos 20 kilómetros y después de una última subida de 3.5 km al 15 % (mortal), arribamos por el sur a Rada in Chianti siendo las 19.54.

¿Se preguntarán quizás por qué tanta precisión? El tema era que el único supermercado del pueblo cerraba a las 20, al igual que bares y restaurantes. Sumado eso a nuestra realidad económica, donde un euro se cuida y mucho, hizo que hiciéramos un sprint a la puerta del súper, alcanzáramos a entrar e hiciéramos una compra tipo Súper de Master Chef, agarrando lo que podíamos antes de que nos cerraran la caja. Muy contentos, con un elevado cansancio y esperando una cena y una cama reparadoras, nos fuimos a nuestro alojamiento, eso sí, con dos vinos de la zona en las alforjas, porque no todo es deporte in Chianti…

Dia 2
Cambios de planes y turismo convencional
El primer día había superado nuestros límites. Demasiados kilómetros, experiencias, desnivel y calor para procesar; así que reunión familiar y día dedicado a conocer la rica historia geográfica y enológica de este pueblo medieval denominado Rada in Chianti, que con unos 1800 habitantes se encuentra en el corazón de La Toscana.

En esta zona se producen los vinos más famosos de Italia, los Chianti, un blend cuyo principal varietal es la uva Sangiovesse. El más conocido es el Classico, identificado por un gallito negro, símbolo de toda la región y a mi entender el dato más interesante es la antigüedad de la denominación de origen de sus vinos, nacidos nada más y nada menos que 300 años atrás. 

Amén de las múltiples opciones de degustaciones de vinos, para quienes amamos el ciclismo la referencia de este lugar es que la famosa carrera ciclística La Eroica pasa por ahí. Se trata de una ruta circular de 209 kilómetros, excelente para el ciclismo en carretera y el cicloturismo, y que como competencia se celebra desde 1997 el primer domingo de octubre, evocando el ciclismo de antaño, con rutas por caminos de tierra y con bicicletas y ropa vintage.

Dia 3
Volviendo a Florencia y un plus
El camino de regreso era diferente. El estudio previo indicaba que esta vez predominaría la bajada sobre la subida. Igualmente, y para evitar el agobiante calor, salimos muy temprano. A las 5.30 AM ya estábamos arriba de las bicis, obviamente descansados y con ganas de volver a pedalear.

Esta vez el retorno nos llevó en un comienzo a dos pueblos muy pintorescos y característicos de la zona: Panzano y Grebe in Chianti, que siendo las primeras horas de la mañana acusaban muy poca actividad, lo que fue una ventaja a la hora de recorrerlos tranquilamente sin tránsito alguno.
Lo más sorprendente de esta parte fue encontrarnos con fauna autóctona, como jabalíes y cervatillos que tenían más que claro que a esa hora no había peligro por la zona.
Nuestro reingreso a Florencia fue por el sudeste, pasando por la Plaza Michelangelo y cruzando nuevamente el río Arno. Esta parte de la ciudad es mucho más moderna y residencia de la gente local.
Habían transcurrido solo 4 horas y media, desandado unos 50 kilómetros y solo 400 metros de desnivel. Hicimos stop en un parque para merendar quesos y tomar la decisión de ver que hacíamos con el tiempo restante.
Don Google nos recomendó visitar Fiesole, un antiguo pueblo que descansa al tope (literal) de una colina donde se encuentran las mejores vistas de Florencia. Allá fuimos, Como era de esperar, nos encontramos con pendientes del 18%, trepando unos 350 metros en solo 10 kilómetros, pero la vista y las construcciones de Fiesole hicieron que el esfuerzo valiera la pena. Fue un lugar ideal para tomar dimensión de lo realizado.
Después, pura bajada a Florencia, a devolver las bicicletas y celebrar la fortuna de haber podido conocer esta región italiana, en familia y haciendo lo que nos gusta, pedalear. Según nuestro balance, una excelente inversión de tiempo.

 

Por Fernando Giannini

(foto: Johny Goerend en Unsplash -el nombre del archivo es el crédito de la foto)

Cicloturismo

Cicloturistas Bahienses: diversión a pedal para todos los gustos y capacidades

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Con el paso de los años y el crecimiento imparable de la actividad cicloturista en la Argentina, la zona de Bahía Blanca fue convirtiéndose en un importante centro de actividades para una gran cantidad de agrupaciones de ciclistas, desde pequeños grupos que hacen salidas suburbanas hasta agrupaciones muy numerosas que abarcan todas las posibles facetas de la actividad. 

Entre estos últimos está el grupo Cicloturistas Bahienses, que se fundó en abril del 2021con el objeto de difundir y promover toda la actividad vinculada al ciclismo, los viajes en bici, las salidas locales, zonales y regionales, concretando recorridos cortos y largos, en grupos o individuales. Hoy lo integran más de 150 ciclistas, entre los cuales los hay de Bahía Blanca y también de la ciudad vecina de Punta Alta.

Una importante característica de Cicloturistas Bahienses es que además de la actividad central sobre las dos ruedas, la agrupación colabora participando en campañas solidarias con establecimientos escolares de Bahía Blanca y de la región y también brinda su aporte a la Plataforma de Sustentabilidad Integral, una importante institución que fomenta la movilidad sustentable a través del uso de la bicicleta y el cuidado del medio ambiente y que organiza congresos internacionales de la temática.

En cuanto al día a día, no solo los administradores del grupo organizan las salidas, ya que es posible que  cualquier integrante pueda proponer y organizar una, para lo cual debe indicar el destino, la distancia a recorrer, el horario de salida y el grado de dificultad de acuerdo al camino que se transitará. Esto permite que a veces haya más de una salida a diferentes lugares en un mismo día. Una vez aprobada la propuesta por los administradores, esta se difunde a través de Whatsapp, Facebook e Instagran. 

Las salidas diarias más habituales se realizan a la zona rural o la marítima lindantes a la ciudad de Bahía Blanca y los fines de semana o feriados a zonas más alejadas, como la localidad de Cabildo y localidades que integran el partido de Tornquist como Saldugaray y Sierra de la Ventana, entre otras, o del partido de Villarino.

En verano se organizan salidas nocturnas, ya sea para ver la salida de la luna llena a Puente Canesa (puente sobre el Arroyo Naposta), la puesta del sol en el muelle de General Cerri o desde la playa de Villa del Mar (Punta Alta).

Un abanico de actividades definitivamente para todos los gustos y capacidades.

En redes: @cicloturistasbahienses

Walter Martínez: wj_martinez@yahoo.com.ar

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Cicloturismo

Gabriela Sabatini: enamorada de la vida, de Argentina… y de la bici

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Residente en Suiza, Gabriela Sabatini no deja de visitar con frecuencia su país de origen. En esta ocasión pedaleó las Salinas Grandes jujeñas y otros puntos de la provincia. En sus redes, la extenista, hoy frecuente ciclista, posteó una selección de fotos de su viaje con un texto más que elocuente.

Ya en Jujuy, Gaby no solo pedaleó las Salinas Grandes, sino que aprovechó para visitar los mejores puntos de la provincia norteña.

Fotos: Instagram @sabatinigabyok

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Cicloturismo

Pedalea o muereh: una familia circletera (sí, circletera) y un viaje sin destino

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“Hace un año salimos de Olavarría con los pedales floreciendo justo con la primavera. Junto con cuatro amigos más, doce ruedas de bicicleta nos dirigimos al sur de la Argentina. Llegamos hasta Bariloche para saber que la hermosa familia circletera (N. de la R.: sí, así, circletera, mezcla de circo y bicicleta) cambiaba de deseos y así fue como nos despedimos.” 

Con estos renglones empieza el primer email que nos mandaron Lusi y Gise para contarnos el viaje que luego de aquella vuelta por el sur argentino decidieron hacer juntas con una primera meta, Brasil, pero sin destino fijo ni mucho menos final. 

Cuando pegaron la vuelta del sur, Lusi y Gise volvieron a la ciudad de Olavarría un primero de abril para abrazar a sus familias y seguir, ahora con ganas de conocer las Cataratas y después cruzar a Brasil.

“Fue duro, fue muy duro —recuerdan en aquel primer email—, pero coronamos los días pedaleando más de lo que creíamos que podíamos, superadas en aprendizajes de portuñol, orgullosas de lo que logramos y pedaleando para no morir.”

Hoy cuentan su modo de vida desde @pedaleaomuereh. Seguilas, vale la pena. Y nos mandaron el texto que podés leer a continuación.

Pedalea o muereh: un viaje sin plan…

Por Lusi y Gise

El día que se estableció la cuarentena, nos encontramos con unos amigos que recién habían vuelto de México.

Hacía dos meses que habíamos vuelto de Ecuador, nuestro primer viaje a dedo durante un año. Pasamos por Bolivia y Perú y en Salta adoptamos a Elado, una gatita negra.

Como a todos, la pandemia nos dejo en shock, pero cuando empezamos a encontrar la libertad para salir a la calle a laburar (ya que hacemos arte en las calles), aprovechamos.

Con un golpe de suerte y algunos ahorros compramos las bicis (la idea de seguir viajando nunca desapareció, pero ahora le habíamos agregado ruedas a las ganas).

Nacimos en Olavarría, una ciudad (bonaerense) llena de arte, donde quienes estamos en la movida independiente somos todos amigos y la mayoría viajeros. Nos juntábamos mucho a entrenar, a comer, para ir a algún evento y para los cumpleaños coordinábamos encontrarnos en el camino. Terminamos siendo varios paseando en bici y fantaseando con la idea de viajar en galera… y así fue como sucedió.

Firmamos contrato (imaginario por supuesto) y empezamos los preparativos.

Nos fuimos adentrando en la mecánica, aprendiendo a parchar y toqueteando un poco las bicis para ver qué onda.

Eze y Leo, salieron un mes antes hacia el Partido de la Costa y junto con ellos volvió Fran, marajense (N. de la R.: gentilicio de Mar de Ajó).

Durante ese mes nos reuníamos con la Flo. Ella había viajado por Brasil en bici junto con Olga, una perrita brasileña amante del sol. Nos enseñó a armar unas alforjas con bolsas de alimento para perros y el resto fueron agarres improvisados.

El 21 de septiembre del 2021 salimos rumbo al sur Flo, Leo, Eze, Fran, Lusi, Gise, Elado y Olga. Juntos eramos “Elado de Olga CIRCLETEROS”. 

Durante 8 meses hicimos funciones de circo para juntar la plata para comer, recorrimos Buenos Aires, los calores extremos de La Pampa, Río Negro y el valle de Neuquén. Fue una hermosa convivencia y aprendimos un montón para luego largarnos a la ruta solas. 

En Bariloche nos tocó despedirnos. Nosotras queríamos conocer Brasil desde hacía rato y ya era hora. Así que pegamos la vuelta.

Pasamos por nuestra ciudad natal para saludar a la familia. Un mes en Olavarría y apareció Moro, la cachorra, que no tenía planes de ser pequeña.

En mayo del 2022 partimos rumbo a Misiones. Hicimos la ruta 14, conocimos algunos de los saltos más turísticos y pasamos por San Pedro a saludar a una amiga.

En Puerto Iguazú nos quedamos un mes. Nos instalamos en la YPF que esta a 1 kilómetro de la aduana, donde conocimos gente muy hermosa con la que conectamos mucho, juntamos la plata para conocer las Cataratas, siempre con malabares, sahumerios, algunos piercing o un poco de música, y laburamos un poco más para cruzar la frontera con algunos ahorros.

Después de 3 meses en la tierra colorada, junto con Moro y Elado, atravesamos la aduana.

No hablábamos nada en portugués, pero poco a poco fuimos entendiendo cómo funcionaba y cómo era la cultura. Atravesamos Foz Do Iguaçú por una ruta alternativa hasta llegar a la 277, que iba a ser la única ruta que transitaríamos durante los próximos meses.

Al principio fue difícil. Los postos (estaciones de servicio) se convirtieron en nuestra casa en el estado de Paraná, con duchas gratis y permiso para armar la carpa. Íbamos seguras.

Así cruzamos todo el estado, pasando por Cascavel, Guarapuava, y antes de llegar a Curitiba perdimos a Eladito en un accidente. Nuestra compañera desde hacía 4 años ya no estaba y eso nos rompió el corazón. Nos sentíamos tristes, cansadas y sin fuerzas.

Deseábamos estar en casa, abrazadas a nuestros padres, madres y hermanos. Recibimos un montón de mensajes hermosos, acompañándonos. Pero decidimos seguir viaje porque nos pareció que la ausencia de Elado se iba a sentir más estando en casa.

Para nuestra suerte, en Curitiba nos recibió una familia que habíamos conocido en la ruta. En Paraná fueron muchos días de lluvia, muchos morros y subidas muy difíciles. Veníamos golpeadas y esa semana con la familia Sawazaki fue un mimo al alma. Nos adentramos un poco más en el idioma, hicimos intercambios culinarios y nos levantaron el ánimo, cosa que nos sirvió para tener más energías a la hora de seguir.

Después de un mes y medio cruzamos al Estado de São Paulo y llegamos al fin al litoral. La primera playa fue Peruibe, y avanzamos por la ruta 101, que costea el país, para disfrutar del mar. 

Es inexplicable la magia que se encuentra dentro de las playas paradisíacas que nos sorprenden al otro lado de los morros. Barra Do Una, Maresias, Toque Toque, Uabatuba (donde llueve mucho) y las que nos faltan por conocer…

No tenemos un plan real; cuando nos preguntan decimos que vamos hasta Colombia o que queremos llegar al litoral norte de Brasil. Pero la realidad es que nuestros planes cambian todo el tiempo y como vamos tranquilas y sin apuros le hacemos caso a la intuición si pinta quedarnos o irnos de un lugar.

Por ahora llegamos a Rio de Janeiro, nos encontramos con unas amigas en Paraty, quienes se prendieron a la locura y se compraron unas bicis para seguir con nosotras. Paramos un mes en la ciudad histórica para reparar, hacer unos cambios bonitos a las bicicletas y seguir.

Mientras, nos ordenamos, paseamos y de paso vamos subiendo registros de nuestras aventuras en nuestras página de instagram @pedaleaomuereh y algunos cortos que hacemos a Youtube.

Gracias, mamá y papá, hermanos y amigos, por estar del otro lado de la pantalla, siempre haciéndonos sentir su amor. 


https://www.instagram.com/pedaleaomuereh/?hl=es-la | gisemartinnzz@gmail.com 

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Cicloturismo

10 imperdibles consejos para cicloturistas

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Viajero incansable y profesional de la actividad, Diego Andrich se subió a la bici en 1992 y no paró de viajar. Toda su experiencia la vuelca diariamente en su Tienda de Biciviajeros, de Caballito (CABA), especializada en cicloturismo. Lo que siguen son 10 de sus consejos para viajeros en bicicleta.

1  ¡Hidratá, siempre hidratá!

Agua fría, agua tibia, lo que te guste, pero siempre hidratá. Y si en tu recorrido no sabés dónde vas a conseguir agua, buscá una casa, un arroyo, un río y llená todos tus envases. ¡Hidratá, siempre hidratá!

2  Para cocinar, agua de mar

Un buen tip es que cuando hacés tu planificación y sabés que tu ruta pasa cerca del mar, podés utilizar el agua marina para la cocción. A lo sumo la dejás hervir un rato antes de poner la comida, pero de esta manera te ahorrás el consumo del agua potable, siempre imprescindible en los viajes en bicicleta.

3  Linterna de bicicleta, linterna frontal

Pedalear de noche tiene algunos secretos. No es imposible, aunque puede ser algo peligroso, pero un buen secreto es que más allá de la cantidad de lúmenes que tengas en tu iluminación es tener dos luces: una que va fija en el manubrio de la bicicleta y una linterna frontal en el casco. ¿Por qué esta última? Por la curiosidad: uno va pedaleando por un sendero, un camino nocturno totalmente oscuro en el medio de la nada y escucha un ruido y lo que uno hace automáticamente es querer ver qué produce ese ruido. Entonces, una linterna frontal te permite iluminar hacia ahí y evita que, al no tenerla, de manera inconsciente muevas el manubrio para poder ver y se produzca un accidente. 

Otra razón es que en un sendero la luz del manubrio no nos permite ver una curva que aparece de repente, mientras que la luz del casco permite que con un movimiento de cabeza logremos iluminar la curva que se nos viene encima.

Entonces: linterna de bicicleta y linterna frontal, dos productos que conjugados hacen que tu pedaleo nocturno por el medio del campo sea más seguro.

4  Precauciones al recoger agua de arroyo  

A la hora de sacar agua de un arroyo cerciorate que no haya animales bosteando y en general que no haya animales en el cauce. Y siempre que saques agua de un arroyo, que sea aguas arriba del cruce del camino por el que estás transitando, de manera de evitar que si hubo alguna contaminación producida por un vehículo ésta no esté en el agua que vas a recoger.

5  Comida liofilizada

En el bikepacking, por un tema de espacio se incorporó algo que ya existía en el mundo del aire libre, la comida liofilizada, que es comida ya cocinada y deshidratada, a la que solo hay que agregarle agua hirviendo, esperar 10 minutos, revolver, y ya está lista para comer. De esta manera evitás tener que transportar insumos, condimentos y un montón de cosas que ocupan mucho espacio. 

Muchas marcas de comida liofilizada ya vienen con un envase listo para que le agregues el agua al mismo envase de la comida, pero eso nos genera el problema de no dejar rastros, ya que generamos mucha basura por cada porción de alimento que llevamos. Por eso, algunas marcas están comercializando comida liofilizada a granel. Vas a la tienda especializada y comprás la cantidad de porciones o raciones que necesitás para tu viaje y las transportás en un envase reutilizable.

6  Menos basura

Un buen tip para no tener más basura que la mínima necesaria, es fraccionar los alimentos que vas a llevar en la salida. De esa manera generás menos basura, ya que a los envases en donde transportes el alimento fraccionado los podés reutilizar

7  Fuentes de energía

Otro dato importante a la hora de planificar un viaje en bicicleta es calcular la cantidad de horas en que vas a necesitar tu iluminación, ya sea una linterna de bicicleta o una frontal. En ese punto tenés que elegir qué te conviene más, si una linterna recargable o una linterna con pilas recargables. En el primer caso es sumamente importante comprar un power bank para recargar energía y en el segundo llevar pilas recargables de repuesto.

Lo ideal es combinar los dos sistemas de alimentación, uno recargable y otro con pilas, para que uno por lo menos lo tengamos a disposición.

8  Alimentos que absorban agua y no que la derrochen

Cuando hacés la planificación de tu viaje y sabés que vas a tener poco acceso al agua, está bueno pensar en alimentos que a la hora de cocinarlos absorban el agua y no como, por ejemplo, los fideos, en los que se desperdicia mucha agua. De esa manera vamos a necesitar menos agua o por lo menos no vamos a desperdiciarla.

9  El lugar, la época, el fuego y otras yerbas

A la hora de planificar es clave entender que lo importante no es solamente encontrar un buen recorrido sino averiguar en qué época del año está bueno ir por las condiciones climáticas, las temperaturas. También está bueno investigar dónde conseguiremos agua, dónde podremos comprar comida, dónde estará bueno dormir. No está bueno dormir en cualquier lado, en ocasiones incluso por el rastro que vamos a dejar. Obviamente, nunca encender fuego, a menos que sea un lugar sumamente preparado para eso y siempre dejar el lugar en las mismas condiciones en que lo encontramos, o mejor, para que la persona que viene atrás pueda disfrutar tanto o más que nosotros.

Repito: el fuego siempre y únicamente en el lugar que está especialmente preparado para eso. La fogata queda muy linda pero no va en cualquier lugar.

10  Cómo tomar agua caliente

Hablemos un poco de cómo combatir la deshidratación. El agua caliente es difícil de tomar pero es mucho más amena si le agregamos unas hierbas o un saquito de té o de mate cocido. Esto la hace más agradable al paladar y la tomamos más fácil. Incluso es posible agregarle hasta un poco de azúcar si ese es tu gusto. El agua caliente hidrata igual que el agua fría, pero al paladar no es agradable.

Por Diego Andrich: www.tierradebiciviajero.com.ar | 11-24670104

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