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Deporte: La autoexigencia como patología

Fecha: 03.04.2020

Por desmedidas ansias de superación, tanto los deportistas profesionales como los amateur toman en algunos casos riesgos que superan sus capacidades. Un lúcido análisis de la impar relación costo/beneficio cuando se superan los límites. Los riesgos ocultos que hay detrás del “poné huevo”.

Por Elisa Lapenta*

Debo confesar que me generó mucho entusiasmo el tema que me propuso Biciclub para este artículo. Si bien se trataría más bien de un artículo de opinión, siempre me gusta darle la vuelta al asunto para poder encuadrarlo dentro de determinados aspectos académicos o teóricos, para tratar de entender el accionar de aquellos deportistas que en situación de competencia muchas veces no miden (o miden mal y de manera desproporcionada) la relación costo/beneficio.

Existen rasgos psicológicos bien definidos y diferenciados para las diversas disciplinas deportivas y aun dentro de una misma disciplina. En la carrera a pie, por ejemplo, sabemos de las abismales diferencias que existen entre los velocistas y los fondistas. O dentro del ciclismo, el perfil del rutero nada tiene que ver con el del pistero y menos aun con el del mountainbiker.

Los deportes de resistencia

Podríamos afirmar que dentro de los deportes cíclicos de resistencia (natación, triatlón, maratón, trial running, ruta, MTB) existen determinados rasgos de personalidad que los atraviesa a todos y cada uno de ellos. Estos rasgos constituyen la columna vertebral o el común denominador sobre el que se construye la templanza necesaria para afrontar horas y horas de entrenamientos que —vistos desde afuera— pueden resultar monótonos y aburridos, pero les aseguro que —vistos desde adentro— no existe una sola sesión que tan siquiera sea parecida a otra. Y es que el deportista de resistencia genera en sus entrenamientos una comunión tan íntima consigo mismo que hace que a diario tiña a esos entrenamientos de diferentes colores, colores que se condicen con su estado de ánimo y sus circunstancias.
Los deportistas de resistencia son capaces de movilizar todas sus reservas psicofísicas para combatir la fatiga, el cansancio, el agotamiento. Además poseen un alto espíritu de sacrificio, entereza y tenacidad para luchar hasta el final por conseguir un logro. Son personas que poseen un alto nivel aspiracional en cuanto al rendimiento/resultado que buscan. Son ordenados, prolijos, meticulosos y hasta un tanto obsesivos.
Poseen una sana autoestima, que les permite afrontar metas exigentes, aunque a veces por encima de sus posibilidades. Y es este el punto en el que me quisiera detener para hacer un análisis más detallado de determinadas situaciones que no son sinónimo de salud. Por el contrario, están lejos de serlo.

Un poco de historia

– En el Ironman de Hawaii del año 1995 se ve como Juli Mosse colapsa literalmente a unos 200 metros de la llegada, y luego de varios minutos tendida en el suelo se repone, se levanta y llega caminando. En ese momento los médicos le aconsejaban abandonar la carrera.
– Un par de años más tarde, en el Ironman de Hawaii 1997 se ve lo que luego se conocería como “los 100 metros de gateo que pasaron a la historia”. En esa oportunidad Sian Welch y Wendy Ingraham llegaban agónicas, gateando, peleando por el cuarto y quinto lugar.
– Un poco más acá en el tiempo, en un triatlón distancia olímpica, fecha del Campeonato del Mundo corrido en Cozumel, uno de los hermanos Brownlee que venía liderando la prueba cae desorientado por un golpe de calor metros antes de la meta. Y su hermano, que venía unos metros más atrás, lo levanta y lo lleva hasta la llegada y prácticamente lo tira del otro lado de la línea.
Ante estas situaciones me hago siempre las mismas preguntas: ¿Qué los hace seguir adelante en condiciones infrahumanas? ¿Hay necesidad de seguir contra viento y marea, arriesgando su salud?
Y la respuesta es simple: lo que los hace continuar son esas ansias desmedidas de autosuperación y esa tenacidad, perseverancia y capacidad de sacrificio de la que hablábamos.
Pero lo anterior son cosas de profesionales. Llevado esto al deporte amateur la cosa se pone más seria aun. Y lo digo con conocimiento de causa. En 24 años de carrera deportiva solo registré un abandono. Y he sufrido en persona (a otro nivel, claro) un grado de deshidratación que me hizo caer desmayada al cruzar la meta en un triatlón en la ciudad de Paraná. Les aseguro que hoy miro para atrás y me digo: “¿Con qué necesidad?”
Análisis objetivo del costo/beneficio (y los riesgos ocultos detrás del “poné huevo”)
Después de haber trabajado entre 12 y 15 años en el deporte de alto rendimiento pude observar y vivenciar desde adentro todo lo que hace un deportista de elite. Y hoy me atrevo a asegurar que el deporte de alto rendimiento no es sinónimo de salud.
En el transcurso de mi vida profesional me fui alejando del alto rendimiento y fui descubriendo un mundo nuevo, el mundo del deporte amateur.
Y debo confesar que en esta etapa de mi vida —ya casi pisando mis 50 abriles— me he vuelto a enamorar, me he enamorado perdidamente del deportista amateur, de esa persona adulta que hace malabares para combinar de modo equilibrado familia, trabajo, vida social y deporte. Y este ha pasado a ocupar el centro de mi vocación profesional hoy en día.
Pero dicho esto y pasada ya la etapa inicial del enamoramiento a ciegas de los primeros años, quiero detenerme en algunas conductas del deportista amateur que son, a mi entender, algo temerarias. Comenzando por las más insignificantes, como puede ser endeudarse hasta la perinola, al punto tal de tener que “vender un hijo o donar un riñón” para comprarse la última bici de fibra de carbono con doble suspensión y freno a disco y hasta algunas más serias y preocupantes como lo son entrenarse (o competir) a lo loco, sin medir las consecuencias.
Nos cansamos de ver deportistas golpeados, fracturados, deshidratados, terminando carreras a fuerza de un “vos podés”, que lejos de tener un respaldo físico (producto de un entrenamiento adecuado), tienen por detrás un cierto sesgo de falso héroe de película norteamericana que los hace arriesgar su salud más de la cuenta. Porque como siempre digo, si vas a hacer una maratón en siete horas ¡es porque no estás preparado aun! Más bien entrenate mejor y volvé al año próximo y hacela en cinco.
Si vas a hacer el Pinto o el Trasmontaña solo porque querés demostrar (o demostrarte) que “vos podés”, pero cruzás la meta con la rodilla destruida y después estás un mes con sesiones de fisio y muletas, permitime decirte que el “negocio” que hiciste te salió mal.
Ni hablar de situaciones más graves, en las que por embalar en una recta llena de barro terminás enroscado en el suelo con tu rival, con una clavícula fracturada o una contusión en la cabeza y las bicis destruidas, todo para pelear el puesto 87…
Y es que tenemos que entender que el deporte que practicamos, a nuestra edad y en nuestro nivel no sirve si no priorizamos la salud y el bien-estar. No existe podio, carrera ni medalla alguna que se anteponga a los patrones de salud, a la premisa de sentirnos plenos, bien, sanos y a gusto con lo que podemos dar.
Soy una convencida de que en el deporte amateur tenemos que pasarla bien, divertirnos y, claro está, también apretar los dientes, pero nunca deberíamos arriesgarnos y poner en juego nuestra integridad, ya sea si estamos peleando el podio en Elite o en Máster C1, ya sea que queramos clasificar a Hawaii o bajar las tres horas y media en una maratón.
Porque más allá de todo y después de todo, las carreras no terminan cuando cruzamos la meta y detenemos el cronómetro. Todas nuestras carreras terminan al día siguiente, cuando nos levantamos y llevamos a nuestros hijos al cole y nos vamos a la oficina a trabajar. Porque si terminamos rotos, lesionados y/o deshidratados pasaremos a ser una carga para nuestras familias.
Cuando se pierde el norte la cosa se complica. Cuando no entendemos que esto se trata simplemente de un juego entre grandes pero juego al fin, le estamos errando.
Está bien querer ganar, mejorar, superarse, pero no a cualquier precio. ¡Eso nunca!
Es por ello que quisiera compartirles las tres premisas que les doy a mis alumnos antes de cada carrera: cuídense, disfrútenlo, dejen todo. Y de ser posible, en ese orden.


*Elisa Lapenta es entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento. (0351)15-6225243, elisalapentah3o@hotmail.com, h3osports.com.ar.


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Hablamos sobre: Columnistas, Elisa Lapenta, Entrenamiento y salud

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