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Deporte y Entrenamiento

Psicología y deporte: Entrenar es construir autoestima

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Medidor de cadencia de pedaleo, potenciómetro que disocia la lectura en watts de la pierna derecha y la pierna izquierda, GPS con todos los datos que un entrenador pueda necesitar, zapatillas para pisada prona, neutra o supina, cinturones de hidratación ergonómicos y reproductores de música sumergibles, ¡y sin cable! Podría completar cinco páginas enumerando todos los avances tecnológicos aplicados al deporte en los últimos años. Nos empecinamos casi de manera irracional en tener todo esto y más, pero nos olvidamos de lo más importante: nuestra fortaleza mental al momento de entrenar y competir. De nada nos sirven las ruedas tapadas y el último cuadro de fibra de carbono si al momento de ponernos el número en una carrera temblamos como una hoja.
Somos, en esencia, una unidad bio-psico-intelectual. Nuestro rendimiento no depende exclusivamente de la preparación física, sino también de nuestro perfil psicoevolutivo. Si bien la psicología del deporte es una ciencia relativamente nueva, su relevancia es cada vez mayor en el rendimiento. La mente es la herramienta más poderosa tanto en entrenamientos como en competición. Por lo tanto es importante empezar a cuidar los detalles que hagan que su rendimiento —al igual que el físico— sea óptimo y nos impulse a dar lo mejor de nosotros mismos.
Existen diversas variables psicológicas, como las emociones, la ansiedad, la motivación, los recuerdos asociados y la percepción del esfuerzo, entre otras. El manejo de ellas constituye lo que hoy se conoce como personalidad resistente y que nos hace capaces de gestionar adecuadamente las percepciones personales influyentes en el rendimiento: el control, el compromiso y el desafío (en el ámbito del entrenamiento esto se conoce como CCD). Si aprendemos a manejar bien estas variables potenciaremos la posibilidad de éxito al luchar por nuestros objetivos.

Fortaleza mental
Para los psicólogos del deporte es un reto estudiar las razones y causas involucradas en el rendimiento de los deportistas de excelencia. Uno de los conceptos centrales que el área de la psicología del deporte ha aportado es el de fortaleza mental.
Algunos autores se refieren a este término como una habilidad y otros como un conjunto de habilidades. Jim Loehr la ha definido como la habilidad para desempeñarse de manera consistente en el rango superior de sus talentos y habilidades, sin importar cuáles sean las circunstancias competitivas (Loehr, 1994). Para Ureña (2005) la fortaleza mental se manifiesta en la capacidad del deportista para controlarse emocionalmente cuando pierde o juega mal, para aceptar la crítica sin sentirse lastimado y para permanecer al pie de la batalla sea cual sea el resultado. En cambio, para Greswell (2007), la fortaleza mental se refiere a las habilidades psicológicas de un deportista que suponen una ventaja para su rendimiento.
Otra definición de fortaleza mental es la que propuso Luis Humberto Serrato en el III Congreso Iberoamericano de Psicología del Deporte de Bogotá, en 2010. Para él, se trata de “el conjunto de habilidades psicológicas y estrategias efectivas de afrontamiento que posee un deportista para controlarse perceptiva, cognoscitiva y emocionalmente ante todas las situaciones estresantes propias de la competencia como los momentos críticos, su propio rendimiento, el resultado y los factores externos adversos (familia, entrenador, público, jueces y rivales), para sobreponerse y responder con sensación de reto deportivo.”
Esta concepción se atribuye a deportistas que ante situaciones estresantes muestran un completo control de sus emociones y responden con alta eficacia al desafío deportivo.
Si bien es un concepto amplio y que incluye numerosas variables psico-emocionales, podemos resumir que la fortaleza mental es ni más ni menos que el afrontamiento adaptativo al estrés en competencias y en situaciones de entrenamiento. Cuando mis deportistas me dicen que no tienen ganas de entrenar o no se sienten bien, suelo recomendarles que igual salgan a la ruta, ya que cuando no se entrena el metabolismo se entrena la voluntad. La personalidad resistente de un deportista se talla semana a semana, mes a mes, año a año de manera simultánea con las adaptaciones fisiológicas.

Personalidad resistente y resiliencia
Hace poco más de 40 años apareció el término de personalidad resistente (aportado por Maddi y Kobassa y sus alumnos de la Universidad de Chicago hacia fines de 1970), que hace referencia a una mezcla interrelacionada de actitudes indispensables y no excluyentes de compromiso, control y desafío (CCD). Estas tres logran que la persona convierta una circunstancia estresante en un escenario de desarrollo y crecimiento, en lugar de ser una situación debilitante. En este sentido la personalidad resistente percibe las situaciones estresantes como menos estresantes y modera los efectos del estímulo estresante, facilitando estrategias adaptativas. Según Peñacoba y Moreno (1998), la personalidad resistente se puede aprender a cualquier edad.
Debemos aclarar, sin embargo, que no debiéramos confundir estrés con trauma. El trauma es algo mucho más profundo y se denomina resiliente a aquella persona capaz de afrontar situaciones traumáticas con comportamientos -a priori- paradójicos e inesperados (en el buen sentido). Son aquellas personas que no se desaniman ni se dejan abatir ante situaciones traumáticas de vida, que dan respuestas altamente positivas al enfrentar la adversidad y siguen desenvolviéndose y viviendo a menudo a un nivel superior, como si el trauma hubiese desarrollado en ellos recursos latentes insospechados (Menciaux, Vanistendale, Lecomte y Cyrulink, 2001).
Como podemos apreciar, los conceptos de personalidad resistente y resiliencia están íntimamente ligados entre sí. Y ambos son conceptos de formación dinámica que resultan de un proceso fruto de la interacción propia del individuo y su entorno. Llevado al plano deportivo, poder contar con estos dos valores (personalidad resistente y resiliencia) es de una importancia fundamental en el rendimiento, ya que de por si aquel deportista capaz de adaptarse de manera más rápida y mejor a las adversidades de la competencia podrá echar mano a las estrategias más adecuadas para salir airoso de dichas situaciones.
Una competencia es percibida como un factor altamente estresante para el deportista. Si a ello le sumamos la aparición de algún imprevisto de último momento (desde un desperfecto mecánico en nuestra bici momentos antes de largar, hasta haberse olvidado la caramañola o el inflador), sólo quienes estén “preparados” desde el plano psíquico y mental podrán sobreponerse, adaptarse y actuar. Y todo esto en solo cuestión de minutos. De nada sirve perder el tiempo pensando en si la situación nos favorece o nos perjudica. La situación “simplemente es” y ante ella debemos actuar, ¡resolver!, potenciando al máximo nuestras capacidades, tanto físicas como psíquicas y volitivas.

Sobrevive el que se adapta
Me es imposible terminar este articulo sin hacer una referencia directa a la situación actual que estamos atravesando a nivel mundial. Durante la primera etapa del aislamiento estricto quedó puesto en relieve quién tenía personalidad resistente y resiliencia. Solo quienes se adaptaron rápidamente a la nueva situación de encierro, quienes no perdieron demasiado tiempo sumergiéndose en el miedo y la incertidumbre (o si lo hicieron fue arriba del rodillo, pedaleando), solo este tipo de deportista fue el que salió airoso del encierro y estuvo más y mejor preparado para volver a las rutas. En el caso de mis alumnos solo un 10 por ciento bajó los brazos y se entregó, mientras que el 90 por ciento restante la siguió peleando (¡se adapto!).
Aun con muchísimos más miedos que certezas, con estados de ánimo que tambaleaban, haciendo pie de modo intermitente, con fortalezas y debilidades. A esto le llamo yo tener personalidad resistente. Y esta capacidad permanente de adaptación a circunstancias cambiantes tiene su anclaje sin dudas en la fortaleza mental, parte constitutiva del rendimiento deportivo. Y al igual que las capacidades físicas, las capacidades psicológicas se trabajan, se entrenan, se construyen.
Y como todo proceso, lleva tiempo ¡Mucho tiempo! Y estos tiempos son innegociables.

Ejemplos de carne y hueso
Así como para producir adaptaciones aeróbicas estables y duraderas se necesita determinado tiempo de proceso, construir un deportista íntegro también requiere de tiempos, experiencias, situaciones, kilómetros y horas. Me permito citar un claro ejemplo de todo lo expuesto y es una alumna que llegó a mí en mayo del 2007. Natalia Margara en ese entonces sólo competía de forma amateur en carreras locales de mountain bike. Cuando comenzó le pregunté cuáles eran sus objetivos, hasta dónde se atrevía a soñar. Y me respondió: “Quiero mejorar mi rendimiento y algún día correr un triatlón, pero no sé nadar.” A partir de ahí, año tras año fuimos mejorando. Tres años después fue segunda en la general femenina del Desafío al Valle de Río Pinto. Corrió numerosas carreras de aventura a nivel nacional, posicionándose siempre entre los primeros. Paralelamente a ello tomaba clases de natación y comenzó a sumar horas de nado. Durante todo ese tiempo, Natalia se separó de su esposo, tuvo problemas con sus hijos y hasta afrontó una operación de corazón (de la cual salió bien, gracias a Dios). Todo lo hizo sin desánimo, etapa por etapa. Hasta que en mayo de 2015 logró un segundo puesto de categoría en el Ironman de Florianópolis que le valió la clasificación al mundial de Hawaii. Creo que no queda mucho por agregar. Natalia es sin dudas un claro ejemplo de fortaleza mental, personalidad resistente y resiliencia, todo en uno. Pero esto lo logramos en nada más ni nada menos que ocho años.
En el 2016 clasificó nuevamente a Hawaii, pero esta vez en la modalidad X-Terra, y en 2018 logró en Pucón la clasificación al mundial de Medio Ironman en Chatanooga, convirtiéndose así en la primera y única triatleta argentina amateur en participar en los tres mundiales de larga distancia.
La personalidad del deportista se forja y talla a la par que mejora su condición física. Ambas cosas van de la mano. Cuando le digo a un triatleta que tiene que hacer 200 kilómetros en una sesión, sé que el primer objetivo de esa consigna es sobreponerse a la infinidad de fantasmas que aparecen en la mente durante esas siete, ocho o nueve horas de pedaleo. O cuando un triatleta debe hacer 10 series de mil metros nadando con 2 minutos de pausa y llevarse comida (fruta o yogur) para comer entre los 6 mil y 8 mil metros. Cuando un mountain biker encara un período negro de cinco semanas y pasamos de un promedio semanal de 340 kilómetros a 550 kilómetros durante un mes y medio. Cuando un maratonista tiene que hacer tres sesiones de 12 kilómetros con 4 horas de pausa en un mismo día. En todos los casos sé muy bien que lo menos importante en este tipo de entrenamientos son las adaptaciones fisiológicas. Ese tipo de sesiones marcan un antes y un después en esa persona. Claramente, debemos tener bien en claro a quién darle semejantes cargas y a quién no. ¡Todo esto lleva años! (no meses, sino años de entrenamiento sistemático).
Tener un pleno dominio de uno mismo a todo nivel, lleva años. Quien mejor se conozca, quien más herramientas tenga y más horas de entrenamiento acumule, podrá resolver de mejor manera cualquier imprevisto que se presente tanto en una competencia como en un entrenamiento o incluso en la vida misma.
Después de todo, y aunque nos empecinemos en tener los últimos avances tecnológicos o en estudiar las más modernas metodologías de entrenamiento, el resultado depende pura y exclusivamente del vínculo y de la relación tanto entre el deportista y su entrenador, como así también del deportista consigo mismo. Lograr un objetivo depende lisa y llanamente de que el deportista se sienta capaz y convencido de hacerlo. Y me atrevo a afirmar sin miedo a equivocarme que entrenar es sinónimo de construir autoestima.

 

Elisa Lapenta es entrenadora de afamados deportistas de alto rendimiento | (0351)15-6225243 | elisalapentah3o@hotmail.com | h3o Sports | @elisanoemilapenta

 

Fuentes
– Conferencia de Luis Humberto Serrato, III Congreso de la Sociedad Iberoamericana de Psicología del Deporte, Bogotá, Colombia, 2010.
– Bonanno, G.A, Loss, trauma and human resilience: Have we underestimated the human capacity to thrive after extremely aversive events? American Psychologist, 2004.
– Godoy Izquierdo, D. y Godoy, J.F. La personalidad resistente: una revisión de la conceptualización e investigación sobre la dureza. Clínica y Salud, 2002.
– Maddi, S.R., Khoshaba, D., Persico, M., Lu, J., Harvey, R. y Bleecker, F, The personality construct of hardiness, II. Relationships with comprehensive tests of personality and psychopathology. Journal of Research in Personality, 2002. 

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El mundial de ciclismo de pista del 2025 se hará en el nuevo velódromo techado de San Juan

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La Unión Ciclista Internacional, máxima autoridad mundial del ciclismo deportivo, anunció oficialmente hoy la designación de San Juan como sede del campeonato mundial de ciclismo de pista a correrse en el 2025.

El escenario del evento será el velódromo cubierto de Pocito, que actualmente está en plena construcción y que según las autoridades provinciales será inaugurado dentro de seis meses. El nuevo velódromo está al lado del Estadio del Bicentenario y sus obras están demoradas por la restricción a las importaciones.

Será este el primer campeonato mundial de pista a celebrarse en nuestro país y justamente en San Juan, la provincia argentina con mayor desarrollo del ciclismo de pista y ruta. El gobernador de San Juan, Sergio Uñac, había presentado la solicitud y toda la documentación requerida a principios de septiembre al presidente de la UCI, David Lappartient (foto).
Gracias al empeño sanjuanino, Argentina se convertirá en el cuarto país de Sudamérica en organizar un mundial de pista, tras Uruguay (1968, en conjunto con Italia), Venezuela (1977) y Colombia (1995 y 2014).

Foto: Prensa San Juan

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¿Hasta qué punto hay que aguantar el dolor en el deporte?

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Sabemos que el dolor cumple con la función de alertarnos de algún problema y también limitarnos en la actividad para no agravarlo. En la práctica deportiva es donde más dudas se presentan, ¿Es normal sentir dolor durante el ejercicio? Hay quienes sostienen que con dolor no se debe trabajar y otros que “algo de dolor es normal”. ¿Cómo saber cuál es el límite?

Se sabe, por ejemplo, que los deportistas de elite soportan un alto grado de dolor para progresar en su rendimiento. E incluso algunos afirman que el ganador es el que más dolor es capaz de soportar. En términos generales, según el momento del dolor se distinguen dos categorías:
Dolor agudo desde el comienzo de la actividad, algo que NO es normal.
Dolor al cabo de un tiempo de actividad, que puede ser normal, sobre todo si desaparece con descanso. El sobre esfuerzo continuo y repetitivo es el que más lesiones produce.
Algunos deportistas (casi todos, diría) sostienen la creencia de que al dolor uno puede acostumbrarse, aunque lo que en realidad se consigue es que el entrenamiento se haga cada vez menos eficiente. Quienes sufren más dolor están en los extremos: los que se inician y quienes se exceden.

Para redondear, como regla general y práctica se debe saber que el dolor debe ceder con el descanso y con la readaptación a determinadas rutinas. Caso contrario estaremos en presencia de la posibilidad de sufrir lesiones crónicas que contradigan de plano el propósito de la actividad física. Buenas rutas.

 

Por Doc Pedales*
Foto: Aaron Blanco Tejedor en Unsplash

*El autor de esta nota es el doctor en medicina Eduardo Saint Bonnet (MN 48943 y MP 23765), deportólogo y deportista.

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Accesorios

Consejos para pedalear bajo la lluvia

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Se acabó el invierno, meses en que quizás algunos le hayan dado tregua a la pasión por el pedal, quizás otros hayan elegido un destino turístico donde poder devorar caminos en bici. En cualquier caso, llegado ya el tiempo primaveral, para muchos treparse a esta máquina se vuelve una necesidad fundamental.
Pero no todo es sol y buenas temperaturas. Todavía quedan por delante algunos días frescos y por qué no, lluviosos, en una época del año en la que el clima suele ser inestable. Y para hacer frente a los días de lluvia cuando practicamos nuestro deporte favorito y minimizar los riesgos que inevitablemente traen los aguaceros, no está de más seguir algunos de los siguientes consejos.

La ropa adecuada
Uno de los elementos más importantes a la hora de salir un día con previsión de lluvia es elegir una vestimenta que sea impermeable y visible desde la distancia para el resto de los usuarios de la vía pública. No será necesario utilizar los últimos diseños, ni recurrir a las marcas más caras, no hay que esperar ganar algunas apuestas en Betsson para elegir este tipo de ropa. El mercado provee textiles especializados para este tipo de situaciones a muy buen precio.
Serán necesarios, como mínimo, una campera o poncho impermeables o un rompeviento resistente al agua, una calza impermeable, cubrezapatillas, guantes, cubrecasco y algún objeto reflectante, además de la propia ropa.

La planificación de la ruta
Siempre se debe saber con cierta exactitud cuál es el recorrido que se quiere cubrir, cuál es el estado de la pista, los desniveles… especialmente los días nublados, en los que todo puede empeorar repentinamente, encharcándose o embarrándose el suelo… Para esos días de riesgo, mejor planificar rutas donde nos aseguremos un paseo minimizando los riesgos, evitando caminos de tierra, zonas resbaladizas o rutas con mucho tráfico.

Previsión del tiempo
De pura lógica es comprobar antes de salir la previsión climatológica. Si este avisa de que no se trata de una simple llovizna, sino que se trata de un aguacero importante lo que se nos viene, el viento es fuerte o va a nevar, quizás sea mejor esperar a otra hora para salir, e incluso quedarse en casa ese día.

Uso de casco y gafas
Aunque portar gafas y casco son prendas habituales y necesarias para una conducción más segura, bajo la lluvia se vuelven imprescindibles. Si estos dos elementos están especialmente diseñados para pedalear bajo estas condiciones, mucho mejor. Para el casco existen, en cualquier caso, los mencionados cubrecascos, que evitarán que pase el agua a través de los canales de ventilación del casco.
En cuanto a las gafas, se consideran fundamentales para que la lluvia no entre en los ojos e impida la visión, como cabe suponer, pero deben ser transparentes. De este modo, no se perderá visibilidad ni luminosidad, algo bastante normal y peligroso en días de agua.

La presión de las ruedas
Por último, es recomendable bajar la presión de los neumáticos, puesto que de este modo se consigue aumentar la adherencia al suelo cuando este está húmedo. Así se reducirán notablemente las posibilidades de sufrir patinazos y resbalones.
Este truco es bastante popular, logrando un mayor agarre, ya que las cubiertas se adecuarán más al terreno al ampliar su superficie de contacto con el piso. Como regla general, se suele bajar unos 7 psi para las bicicletas de montaña y entre 15 y 25 psi para las de velocidad o ruta.

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El factor Q y la ubicación de los pedales

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Bike fitting: el factor Q nos permite alinear cadera, rodilla y tobillo y descargar mejor la potencia de nuestra pedaleada.

En el gráfico con línea roja vemos una incorrecta alineación del conjunto cadera-rodilla-tobillo, mientras que en el de las líneas verdes aparece correctamente alineado.

Los pedales son parte fundamental en la interfaz de nuestro cuerpo con la bicicleta, y en la actualidad están siendo mejorados con diversos recursos que van desde la posibilidad de incorporar medidores de potencia y lectura de vectores (técnica de pedaleo) hasta otras menos tecnológicas pero muy eficientes como son los kits de ejes ampliados.
Al día de hoy sabemos que existe una serie de productos en diversas medidas para ayudar a un adecuado calce de nuestra bicicleta, tales como asientos, manubrios, stems, etcétera, y en este particular las palancas de nuestra bicicleta además del largo traen diferente Factor Q, que es la distancia entre ambas roscas del eje de los pedales.


El factor Q determina la distancia entre los pies del ciclista.

En el MTB, el factor Q está más trabajado, porque dependiendo de la especialidad se hace decisiva esta distancia. Por ejemplo, en el descenso, cuando estás parado arriba de los pedales ese factor Q debe ser mayor. Para hacer descenso es más cómodo de esa manera que llevar las piernas más juntas. En el MTB competitivo esto está más trabajado y se utiliza diferente factor Q para hacer distintas especialidades, y las marcas así lo trabajan.
En cambio en la ruta como en la pista y la contrarreloj la variación en el factor Q es mucho menor, va solo de 135 a 152 mm. Es como un estándar, no hay tantas variantes, son dos o tres medidas como máximo. Entonces pasa que cuando aparece un deportista con las caderas más anchas en la ruta o en el triatlón o en cualquiera de estas especialidades, está con problemas, porque no hay medida de factor Q para él, y para ellos es que se inventó el eje ampliado, para compensar el factor Q que viene de fábrica en esa bici.
La importancia de este Factor Q de la palanca radica en que a partir de ahí tendremos que instalar nuestros pedales, para luego colocar las trabas en las zapatillas y alinear cadera-rodilla-tobillo.
¿Pero que pasa entonces si —como dijimos— en este proceso de alineación no logramos encontrar el punto exacto debido a que el Factor Q de las palancas es muy estrecho con relación a nuestra cadera?
Hoy en día, existe la posibilidad de usar pedales con diferentes largos de ejes para compensar esta situación (Look, Ritchey, Shimano Dur Ace, Speedplay, Crank Brothers, extensores de BikeFit) y así lograr que la descarga de fuerza sea lo más vertical posible.
La idea de esto es lograr un pedaleo lo más eficiente en términos de vectores de fuerza y puntos de presión en el eje del pedal. Esto es comprobable con la oferta de potenciómetros disponibles en el mercado actual, ya que afortunadamente para nosotros cada vez incorporan mayor tecnología a la vez que se hacen más asequibles.

 

Por Roberto Hernández: roberto@amarubikefit.com | (011)3281-3482 | (íconos) FB, INSTA, Twitter Amaru Bikefit

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